jueves, septiembre 16, 2010

Tras 200 septiembres, ¿dónde estamos?


Tras 200 septiembres, ¿dónde estamos?

Lorenzo Meyer

16 Sep. 10. El Norte


Punto de partida


La voz oficial nos pide unirnos hoy a los festejos que las autoridades han organizado para celebrar que, como nación, hayamos alcanzado ya dos siglos de ser libres. A saber a quién se le ocurrió tamaño desatino, pues es claro que lo ocurrido en las primeras horas de este día hace justamente dos siglos en el pueblo de Dolores, en Guanajuato, fue apenas el punto de partida de un proceso terriblemente violento y contradictorio que sólo 11 años más tarde desembocaría en la declaración de la independencia formal de la Nueva España, y que tomaría casi el resto del siglo dar forma a los requisitos mínimos para que la ex colonia empezara a funcionar como unidad nacional. Finalmente, también deberíamos tener muy claro que la independencia, y la unidad nacional efectiva, es algo que aún no cuaja.

Reflexión

Conmemorar el inicio del proceso que llevaría a que la Nueva España se convirtiera primero en Estados Unidos Mexicanos debería ser, en primer lugar, ocasión para propiciar la reflexión sobre la naturaleza de los proyectos nacionales que hemos tenido a lo largo de los últimos dos siglos y, sobre todo, debatir cuál podría y debería ser el proyecto mexicano del siglo 21. En principio, los festejos centenarios deben ser más el momento de las grandes ideas y menos el de los fuegos de artificio.

Grandes temas

Idealmente, en nuestro País cada persona, grupo, clase y región debería elaborar su lista de cuestiones a incluir en la agenda colectiva. Es evidente que hoy estamos tan divididos que no concordaríamos en los temas y, menos aún, en la manera de enfocarlos y en las soluciones posibles. De todas formas, y justamente por nuestras evidentes diferencias, un buen punto de partida sería confrontar los elementos más problemáticos de la pluralidad de agendas que hay en México. Uno de ellos podría ser precisamente el de la independencia misma: cómo surgió, cómo evolucionó y a dónde nos ha conducido.

El origen

El movimiento político que se inició hace exactamente dos siglos lo organizaron y dirigieron no la gente del común, sino esa parte de la élite que estaba insatisfecha con sus circunstancias. Jaime Rodríguez, profesor de la Universidad de California en Irvine, en su libro "Nosotros Somos Ahora los Verdaderos Españoles" (Colegio de Michoacán-Instituto Mora, 2009), propone interpretar lo acontecido hace dos siglos en la Nueva España al inicio del siglo 19 no como una, sino dos revoluciones que coincidieron, se combatieron y terminaron por cambiar la naturaleza política de México, pero que, de inicio, ninguna pretendió la independencia de España.

Veamos primero este último punto. Al despuntar el siglo 19, la Nueva España era la posesión más poblada e importante del imperio español en América: de sus 6 millones de habitantes apenas 15 mil eran españoles y el pequeño ejército realista estaba compuesto básicamente por naturales de la colonia. Por tanto, afirma Rodríguez, si la mayoría de los novohispanos hubiera querido la independencia la hubieran conseguido con facilidad, pero en el inicio de los movimientos de cambio no tenían como meta la separación.

Las dos revoluciones que afectaron a Nueva España tuvieron un origen externo. La primera fue una revolución política, pero pacífica, cuyo impulso proviene de la disolución de un sistema político internacional como consecuencia de la guerra de los siete años (1756-1763) que se libró en Europa y América y que cambió el equilibrio mundial. En América el cambio afectó a Francia –se acabó la Nueva Francia a favor de Canadá–, a Inglaterra –de la que se desprendió Estados Unidos–, pero sobre todo terminaría por afectar más a España, pues con la caída de la monarquía española en 1808, se desató un proceso encabezado por quienes, alentados por una visión liberal, vieron en las antiguas colonias los posibles reinos de una gran nación española y que tendrían la misma calidad que aquellos que ya existían en la Península Ibérica. De haber salido bien este proyecto, incubado en las Cortes de Cádiz y de donde salió una Constitución de lo más radical, la América Española se hubiera podido transformar en la primera mitad del siglo 19 en una comunidad de monarquías nacionales ligadas a España al estilo de la Commonwealth inglesa. El retorno de Fernando VII impidió este desarrollo.

La otra revolución, la armada, fue la iniciada por Hidalgo en el próspero Bajío, la zona más moderna de la colonia y buscaba mayor autonomía local. En su inicio, los insurgentes no dijeron pretender la independencia sino defender a Fernando VII de los "ateos franceses" y de los posibles aliados españoles de éstos, los "gachupines". Ahora bien, esa peculiar defensa del rey, al incorporar a los indios y mestizos, se convirtió en una rebelión social. Empujado por este carácter de choque violento entre razas y clases, la rebelión se radicalizó y Morelos, en septiembre de 1813 y en sus "Sentimientos de la nación", ya asentó como primer objetivo de la insurgencia: "Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación...".

La división política original entre los criollos y mestizos radicales –los insurgentes–, los moderados y los francamente conservadores se mantuvo después de 1821. Y sólo después de dos invasiones extranjeras mayores y una prolongada guerra civil, finalmente, surgió un proyecto nacional políticamente dominante: el liberal, que en 1867 empezó a echar raíces con la restauración de la República. La maduración de este programa culminó en y con el Porfiriato, cuando el dictador logró someter a su arbitraje a todas las fracciones de la élite. Sin embargo, la falta de institucionalización del proceso político y la desatención al tema social, en una época de transformaciones materiales relativamente rápidas, hicieron que la conmoción creada por la sucesión presidencial de 1910 echara abajo el régimen y se iniciara una revolución.

La Revolución Mexicana se inició como un conflicto al nivel de la élite, pero al igual que el movimiento de un siglo atrás, desde el inicio incorporó a elementos de las clases populares y por ello el proceso pronto adquirió el carácter de una insurrección popular con epicentro en los estados fronterizos del norte y en Morelos. El triunfo del carrancismo significó la violenta destrucción de los proyectos más populares y radicales, los encabezados por los hermanos Flores Magón, Villa y Zapata respectivamente. Pero también la Revolución logró la marginación de la vieja oligarquía y de la Iglesia católica y luego aplastó al movimiento cristero. La reconstrucción del autoritarismo bajo la dirección de Obregón y Calles significó su estabilización con la creación de un partido de Estado sostenido por organizaciones de masas rurales y urbanas.

La Presidencia fuerte construida por Cárdenas volvió a meter a conservadores y radicales, a empresarios y a sindicatos, en el nuevo gran proyecto nacional, pero tras el agotamiento del régimen en los 1980 resurgió la vieja pugna presente desde la independencia.

Con gran optimismo se pensó que el advenimiento tardío de la democracia política en el 2000 permitiría, por fin, que México contara con una institucionalización que por la vía de la división de poderes, el federalismo y el juego electoral limpio mantuviera bajo control –autocontrol– la añeja e inevitable disputa por la nación entre radicales y conservadores, entre izquierda y derecha. De haber sido este el caso, el tercer gran proyecto nacional hubiera significado la convivencia constructiva y democrática de la pluralidad política que ha caracterizado desde hace dos siglos a México.

El atolladero

La deshonestidad, la incapacidad y lo estrecho de miras de la actual clase dirigente han resultado ser el obstáculo inmediato mayor para que el Bicentenario del inicio del proceso de independencia fuera, también, el tiempo de la consolidación de un proyecto nacional genuinamente moderno y viable. En cambio, lo que tenemos tras dos centenares de 16 de septiembres es el campear de la incertidumbre, producto de la polarización política y social, de la inseguridad generalizada, del desgobierno en varias entidades del país, de la mala calidad de la economía, de la ausencia de una política exterior y del cinismo ciudadano producto de la persistencia de la corrupción en la esfera púbica.

Debemos pugnar porque éste sea el tiempo en que ya se tocó fondo y se empezó a retomar la ruta de la reconstrucción nacional que se inició hace dos siglos. Eso se lo debemos a los muertos de entonces, a los mexicanos que están por venir y, finalmente, a nosotros mismos.

opinion@elnorte.com


lunes, septiembre 13, 2010

Acción Urgente por mujeres triquis agredidas



Mujeres indígenas agredidas, en peligro de represalias

Difusión Cencos México D.F., 13 de septiembre de 2010

Acción Urgente/ AI México

El 7 de septiembre, unos hombres armados agredieron a dos mujeres indígenas de la localidad de San Juan Copala, en el estado de Oaxaca, en el sur de México. A una de ellas la violaron, y a la otra le dispararon. Tras denunciar la agresión a las autoridades, tanto ellas como sus familias corren peligro de represalias.

Las dos mujeres, pertenecientes al grupo indígena triqui, y cuyos nombres no se facilitan para proteger su integridad, fueron atacadas por grupos armados hacia la una del mediodía. Regresaban a pie a la localidad donde residen, San Juan Copala, en la región triqui de Oaxaca, tras comprar comida en una localidad vecina. Según el relato que hicieron a los dirigentes de su comunidad, a una de ellas la violaron y a otra le dispararon mientras huía. Las dos sobrevivieron al ataque y consiguieron llegar hasta San Juan Copala, a cinco kilómetros de distancia.

San Juan Copala lleva sitiada más de nueve meses, rodeada por grupos armados. Puesto que allí no hay centro médico, las dos mujeres no pudieron recibir atención médica hasta el 9 de septiembre, cuando una ambulancia con dos médicos llegó a San Juan Copala. La ambulancia iba protegida por más de 40 policías. Las mujeres han sido trasladadas a un hospital de una localidad vecina, pero ellas y sus familias pueden correr peligro de represalias. Las autoridades no les han proporcionado ni a ellas ni a sus familias protección adecuada.

En los últimos años, las actividades de los grupos armados que actúan impunemente en la región triqui de Oaxaca han provocado informes cada vez más frecuentes de homicidios y ataques. El 27 de abril de 2010, la defensora de los derechos humanos Alberta Cariño Trujillo y el observador finlandés Jyri Jaakkola murieron en una emboscada a manos de hombres armados. Al parecer, algunos de los grupos armados tienen vínculos con las autoridades locales, quienes ya en varias ocasiones anteriores, entre ellas casos de secuestro y violación de mujeres y niñas, no han hecho nada para prevenir los ataques o para hacer rendir cuentas a los responsables.

ESCRIBAN INMEDIATAMENTE, en español o en su propio idioma: ? expresando preocupación por la seguridad de las dos mujeres indígenas y sus familias; ? instando a las autoridades a proporcionarles a ellas y a sus familias protección efectiva, de estricta conformidad con los deseos de las propias afectadas; ? pidiendo a las autoridades que lleven a cabo investigaciones exhaustivas, inmediatas e imparciales sobre los recientes ataques contra las dos mujeres, y sobre todos los ataques anteriores contra residentes de San Juan Copala, que hagan públicos sus resultados y que lleven a los responsables ante la justicia; ? pidiendo a las autoridades que garanticen todos los derechos humanos de los residentes de San Juan Copala, que llevan años sufriendo ataques, y que investiguen los presuntos vínculos entre los grupos armados y las autoridades locales.

Envíen llamamientos antes del 22 de octubre de 2010 a:

Lic. José Francisco Blake Mora

Secretario de Gobernación Secretaría de Gobernación Bucareli 99,

1er. piso, Col. Juárez Delegación Cuauhtémoc México D.F., C.P.06600, MÉXICO Fax: (+52) 55 5093 3414

Correo-e.: secretario@segob.gob.mx

Tratamiento: Señor Secretario

Lic. María de la Luz Candelaria Chiñas Procuradora General de Justicia del Estado de Oaxaca

Centro Administrativo del Poder Ejecutivo y Judicial, Edificio Jesús “Chu” Rasgado A, ala 2, 2do nivel, Reyes Mantecón, San Bartolo Coyotepec, C.P. 71257 Oaxaca, MÉXICO Fax: (+52) 951 501 6900 ext. 20635

Correo-e.: lpedroarenag@hotmail.com Tratamiento: Procuradora

Y copia a: Centro Regional de Derechos Humanos ”Bartolomé Carrasco” Correo-e.: barcadh09@gmail.com

Envíen también copia a la representación diplomática de México acreditada en su país. Consulten con la oficina de su Sección si van a enviar los llamamientos después de la fecha antes indicada.

Esta es la segunda actualización de AU 110/10 (AMR 41/039/2010). Más información:

http://www.amnesty.org/es/library/asset/AMR41/039/2010/es y http://www.amnesty.org/es/library/asset/AMR41/042/2010/es

Información adicional

Los 700 indígenas triquis de San Juan Copala y otras comunidades triquis cercanas establecieron el municipio autónomo de San Juan Copala el 1 de enero de 2007. Puesto que propugnan el autogobierno, no reconocen la autoridad de las autoridades públicas existentes en las localidades mayoritariamente no triquis de la región.

La región triqui, de población mayoritaria indígena, es una de las más pobres y conflictivas del país. Durante más de 30 años se ha visto dividida por un conflicto intercomunitario en el que han muerto decenas de personas, varias de ellas en los últimos meses. Las autoridades estatales y federales rara vez actúan para hacer rendir cuentas a los responsables, y el partido que gobierna el estado –el Partido Revolucionario Institucional (PRI)– ha sido acusado de exacerbar el conflicto en la región mediante la creación de grupos políticos armados y violentos.

El 17 de abril de 2010, José Celestino Hernández Cruz, de San Juan Copala, murió a manos de miembros de un grupo armado. El 20 de mayo, el dirigente indígena Timoteo Alejandro Ramírez y su esposa, Cleriberta Castro Aguilar, fueron abatidos a tiros en su casa de San Juan Copala. Timoteo Ramírez era uno de los principales dirigentes de San Juan Copala. No se ha procesado a nadie por éstos y otros homicidios.

La Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establece:

“Los pueblos indígenas tienen el derecho colectivo de vivir en libertad, paz y seguridad como pueblos distintos y no serán sometidos a [...] ningún otro acto de violencia”.

Más información sobre AU: 110/10 Índice: AMR 41/068/2010 Fecha de emisión: 10 de septiembre de 2010


De INFORMADOR PÚBLICO.com reproducimos 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN


Acusan que este Es el MANUAL QUE APLICA KIRCHNER en Argentina. Elija usted la(s) que que crea se aplican con igual o mayor perversidad en nuestro país en esta película de horror que se llama Calderonato.


El lingüista estadounidense Noam Chomsky, célebre por su militancia política progresista, elaboró una lista de las “10 estrategias de manipulación” a través de los medios. Prescindiendo de las consideraciones ideológicas que Chomsky agrega, las fórmulas de manipulación que sintetiza son, en líneas generales, las que utiliza el gobierno argentino en forma alternativa y a veces simultánea.



INFORMADOR PÚBLICO

1- LA ESTRATEGIA DE LA DISTRACCIÓN.

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2- CREAR PROBLEMAS, DESPUÉS OFRECER SOLUCIONES.

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3- LA ESTRATEGIA DE LA GRADUALIDAD.

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4- LA ESTRATEGIA DE DIFERIR.

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5- DIRIGIRSE Al PÚBLICO COMO CRIATURAS DE POCA EDAD.

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

6- UTILIZAR EL ASPECTO EMOCIONAL MUCHO MÁS QUE LA REFLEXIÓN.

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7- MANTENER AL PÚBLICO EN LA IGNORANCIA Y LA MEDIOCRIDAD.

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8- ESTIMULAR AL PÚBLICO A SER COMPLACIENTE CON LA MEDIOCRIDAD.

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9- REFORZAR LA AUTOCULPABILIDAD.

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10- CONOCER A LOS INDIVIDUOS MEJOR DE LO QUE ELLOS MISMOS SE CONOCEN.

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Fuente: http://www.institutojoaogoulart.org.br/noticia.php?id=1861&back=1




Comité Cerezo México presentó el documento “La cárcel, una forma de criminación de la protesta social en México”


Existen 119 presos políticos en México

Rodrigo Vidal


- Comité Cerezo México presentó el documento “La cárcel, una forma de criminación de la protesta social en México”

- Entre 2002 y 2008 fueron encarcelados mil 373 activistas y líderes sociales; Oaxaca, el estado con el mayor número

Xalapa, Ver.- En el periodo comprendido entre 2002 y 2008 fueron encarcelados mil 373 activistas sociales por motivos políticos en el país, siendo Oaxaca, Estado de México, Michoacán, Guerrero y Chiapas, las entidades en cuyos penales se concentraron más de mil detenidos. El estado de Veracruz aparece en el lugar número 11.

El trabajo fue realizado por Comité Cerezo México, como parte del proyecto Viento de Libertad, y presentado a pocos días del inicio de la Campaña Nacional contra la Desaparición Forzada, que comienza el 30 de agosto.

El documento se titula “La cárcel, una forma de criminación de la protesta social en México”, y en el apartado de “Datos duros” figuran 18 estados del país donde fueron encarcelados los mil 373 defensores de derechos humanos y activistas, de los cuáles 119 aún permanecen presos.

El estado de Oaxaca encabeza la lista en el número de detenciones, con 436 presos, le sigue el Estado de México con 235, Michoacán con 143, Guerrero acumuló 144 presos, Chiapas, 111; Yucatán 72, lo mismo que Jalisco (72), de ahí Nuevo León acumuló 32 encarcelados, Sonora 26, Morelos 25, Veracruz 25, Distrito Federal 19, San Luis Potosí 8, Tamaulipas 7, Tabasco 6, Chihuahua 3, una cantidad similar en Querétaro y Puebla tuvo dos presos por motivos políticos.

En 2009 registraron 14 presos de conciencia. Sin embargo, a la fecha siguen internos en penales del fuero común y federal 119 personas, clasificados de la siguiente manera: 97 presos de conciencia, 15 detenidos injustamente asociados a motivos políticos y seis presos políticos.

De los detenidos hasta el momento, hay dos entidades que acumulan el mayor número de casos: el estado de Chiapas tiene dentro de sus cárceles a 54 presos de conciencia, mientras que en el Estado de México, 9 son injustamente asociados a motivos políticos y cuatro presos políticos. Comité Cerezo explica que la cifra en el Estado de México aumentó después de la represión masiva en Atenco, en 2006.

Los presos fueron consignados: 75 por fuero común, 25 por fuero federal y 17 por fuero común y federal. La mayoría de ellos son hombres y sólo tres mujeres detenidas actualmente. Durante su reclusión, los activistas han visto violados los siguientes derechos: derecho a la Libertad y Seguridad Personales, derecho a la integridad personal, al acceso a la justicia, de lo acusados y derechos de la persona privadas de su libertad.

Caso Veracruz


El estado de Veracruz ingresó a la lista debido al caso de Los Dorados de Villa, en 2007, cuando el 10 de junio de ese año, un grupo de campesinos recuperó un predio en Lomas del Dorado, municipio de Ixhuatlán de Madero, basados en una entrega de tierras de septiembre de 1941.

Ellos fueron demandados penalmente por “despojo” por la familia Faisal Ramal. Las autoridades ministeriales armaron un expediente express (que viajó de Chicontepec a Villa Aldama y de regreso, para finalmente quedar en Chicontepec). El 14 de junio los desalojó a tiros la policía estatal de Veracruz.

Los campesinos presos, junto con el observador de derechos humanos Javier Islas Cruz, fueron llevados primero a Benito Juárez y luego a Villa Aldama, donde denunciaron que fueron golpeados, los interrogaron en castellano sin traductor ni abogado, a pesar que hablaban náhuatl, los obligaron a tomar unas pistolas y les hicieron posar con ellas para unas fotos.

Los campesinos declaran que no portaron ni usaron armas, que solamente llevaban sus machetes. En la actualidad, están libres bajo fianza: Domingo Francisco Verónica, Pedro Gutiérrez Hernández, Basilio Villa Antonio, Severo Antonio Hernández, Enrique Flores Catarina, Daniel de la Cruz Antonio, Luis Francisco Martínez, Antonio Santiago Hernández y Audecio Santiago Hernández.

Comité Cerezo México clasificó la represión de los Dorados de Villa, como un “caso de detención masiva de organizaciones sociales”, ocurrida en Veracruz durante la actual administración.


El Silencio de los Mexicanos

El Silencio de los Mexicanos

Fausto Fernández Ponte / Asimetrías

"(La narcoguerra) es una lucha que vale la pena librar, que hay que librar".

Felipe Calderón.

I
Al presidente de Facto Felipe Calderón (no olvidemos que fue instalado en Los Pinos por la mafia en el poder que se ha adueñado de México y lo saquea impunemente) nadie, excepto algunos de sus partiquinos, parece hacerle caso.

Don Felipe ha exhortado reiteradamente y hasta el cansancio —no de él, sino de los mexicanos— a que cada ciudadano se convierta en delator de las actividades de los "narcotraficantes" y que le informemos acerca de las actividades ilícitas de éstos.

En sus exhortos, don Felipe se queja, a veces con amargura no eximida de cierta desesperación –si no es que de franca frustración— porque ningún mexicano toma el teléfono y le habla para informarle qué sospecha de lo que están haciendo los "narcos".

En sus exhortos, don Felipe parte de una premisa muy falsa: que los ciudadanos sabemos acerca del quehacer del "narcotráfico" que su gobierno no sabe o aparenta no saber o sólo querría cotejar su información con la que tiene la gente. Véase:

Realidad 1: el señor Calderón y sus colaboradores –algunos de ellos son doble agentes: del gobierno y del narco— viven en un aislamiento diríase casi total, tanto que ni siquiera sospecha que la ciudadanía le niega información acerca del narcotráfico.

II
Realidad 2: don Felipe soslaya que si un ciudadano le informa a él (o a su gobierno) acerca de un narco, éste lo sabrá antes y seguramente ejercería represalias contra el denunciante y sus familiares, precisamente porque sus colaboradores están infiltrados.

. Realidad 3: don Felipe jamás se enteraría de la denuncia, pues sus colaboradores –los que trabajan también para los cárteles— no le harían llegar el mensaje de algún ciudadano que haya respondido al exhorto de informar acerca del narco.

De hecho, la ciudadanía desconfía no sólo de los colaboradores del Presidente de Facto, sino también, principalmente, de éste mismo. La narcoguerra no es, según el sentir general, asunto que nos atañe a los mexicanos, sino sólo al señor Calderón.

¿Moraleja? El inquilino de Los Pinos no es bienquisto del pueblo, quien lo tolera no sin pesar en espera de que termine su sexenio sin causarle más daño al país ni mayores agravios al interés de la sociedad. Por ello, los mexicanos responden con el silencio.

El silencio de los mexicanos es roto ocasionalmente, cuando expresan su sentir y su parecer multitudinariamente, como el 25 de julio, con la concentración masiva en el zócalo de la ciudad de México, convocada por Andrés Manuel López Obrador.

III
Ese silencio, empero, podría ser entendido como indicio de abulia, indiferencia e incluso apatía del mexicano, consecuencia, afírmase, de la eficacia del uso no muy habilidoso ni filigranero de los medios de control social por la mafia en el poder.

Desde luego, el empleo de los medios de control social –televisión y otras vías de difusión, fútbol, religión organizada con fines de poder, sistema educativo, etc.— tiene un efecto, pero en el caso del mexicano dicha secuela no deviene en dominio total.

El silencio –un vacío abisal— se observa en los desenlaces electorales. El electorado le niega al poder político del Estado un mandato, por lo que éste tiene que embarazar urnas y comprar literalmente sufragios y, aun así, el abstencionismo es elevadísimo.

Por otra parte, el silencio como respuesta a los aleves coqueteos del poder político –del cual don Felipe es el jefe formal— oculta, a nuestro ver, una diversa actividad reivindicatoria de miles de organizaciones de lucha social pequeñas y medianas.

Ellos son los mexicanos en movimiento, comprometidos con cambiar el statu quo —la forma de organización económica y política prevaleciente. No en vano, según el Comité Cerezo, hay más de mil presos políticos en México. Ese silencio es anticipatorio.


Folleto elaborado por José Antonio Almazán, exdiputado y jubilado del SME

Las Mentiras de Calderón

El PAN contra los centenarios



El PAN contra los centenarios

Víctor Flores Olea


México ha puesto el grito en el cielo por las conmemoraciones: no solamente lo proyectado está en el aire y/o definitivamente pospuesto o cancelado, sino que la obra realizada es magra a no poder, microscópica y sin relevancia. ¿O alguien pudiera contradecirme? Me refiero al gobierno del PAN, naturalmente, porque diversas instituciones, sobre todo las educativas y editoriales, eventualmente han hecho esfuerzos para publicar a propósito libros de interés y calidad. (Una excepción: Televisa, con sus episodios sobre la Independencia, eficaz pero de discutible linaje histórico y artístico. Y otra excepción, en que ha brillado el interés panista: los desfiles comerciales.)

Lo sorprendente es que alguien creyera que el gobierno del PAN iba a realizar una obra de real interés en la conmemoración del bicentenario y el centenario. Hay otros que con razón se quejan de la absoluta ausencia de ideas en esta conmemoración. No podía ser de otro modo. Por mi parte no estoy sorprendido porque desde el inicio percibí que estas celebraciones, en manos del PAN, terminarían en una pequeña polvareda sin importancia.

Y no es porque otra vez el gobierno de Felipe Calderón muestre su desorganización intrínseca y su incapacidad, o no es solamente por esa razón, sino, en el fondo, porque estaba incapacitado, digamos negado estructural y vocacionalmente, existencialmente, a celebrar con cierto donaire tales hechos históricos, ya que la estirpe del PAN, su ideología de origen y su significado político se sitúan en el polo opuesto de los acontecimientos a celebrar.

Por supuesto que muchos de nosotros hubiéramos deseado que se exaltara el lado más liberal de la Independencia, su importante lado de filiación al enciclopedismo y al jacobinismo, su herencia clara de la Ilustración y de una de las revoluciones más radicales de la historia humana, que comprendió sistemas políticos y económicos, pero que también fue profundamente filosófica y cultural. Por eso Marx afirmó en una de sus principales obras de juventud que la revolución de la burguesía es la más profunda que ha vivido la humanidad hasta nuestros días.

Pero fueron precisamente los enemigos de la Ilustración quienes se opusieron a la Revolución de Independencia y quienes fusilaron a Hidalgo y a Morelos. Por la catarata de los botones de muestra que ha exhibido ya desde su fundación, me temo que el PAN, y su clero más cercano, hubieran estado más bien del lado de quienes comandaban los pelotones de fusilamiento, no de los luchadores, no de los héroes de la Independencia. Tal es una filiación remota del PAN que sigue viva y actuando de manera clara.

Por algo el PAN es un franco y prácticamente confeso heredero del partido de los conservadores del siglo XIX, que se opusieron a las leyes de Reforma y a Juárez. ¿Acaso el gobierno del PAN ha hecho, ya no digamos una conmemoración, sino siquiera una discreta alusión a las Leyes de Reforma, que se proclamaron en septiembre de 1860, en Guanajuato, y que cumplen en este mismo mes 150 años de promulgación? Al contrario, en su actuar arropa y tolera a todos los enemigos a veces implícitos, otras explícitos, del laicismo y de la separación de la Iglesia y el Estado, que fueron la vena profunda de tales leyes.

Y para qué hablar de la Revolución, ya que los fundadores del PAN, en que había ciertos mexicanos ilustres, expresaron desde los primeros momentos su alejamiento y hasta su repudio de los principios de la Revolución Mexicana en su versión también más liberal y popular, social. No es casual que la fundación del PAN, que se llevó tiempo madurar, fuera en 1939, no demasiado después del gobierno de Lázaro Cárdenas, del cual difirieron ruidosamente, sobre todo con respecto a la nacionalización del petróleo, a la reforma agraria y al obrerismo. Explícitamente declararon estar en contra de los caudillos de la Revolución; en realidad, se alejaron y opusieron (siguen haciéndolo) al aspecto social de la Revolución, que inevitablemente tenía y tiene una carga estatista. Por ello al correr de los años parte importante del empresariado mexicano se sumó políticamente al PAN.

Claro está que en la celebración del centenario de la Revolución se hubiera deseado una exaltación actualizada de su vena social, sobre todo en los aspectos educativo y de salud, una definición contra la concentración desmesurada y abusiva de la riqueza, una actualización de los principios vertebrales de la política exterior, y tantas otras materias que dan pie hoy a la necesidad de una transformación profunda del país.

Pero nada de eso podía esperarse ocupando el sitial más alto de la República un partido y un panista particularmente cortos en su visión histórica, un partido y un presidente manifiestamente reaccionarios y absolutamente incompatibles con los aspectos más progresistas de la Revolución de 1910.

De tal partido y gobierno únicamente podían esperarse la desmemoria y el olvido, la distracción y el ocultamiento, para no hacer énfasis en el real significado de las revoluciones de Independencia y de la liberal-social y antimperialista de 1910.

Lo anterior explica que no se haya realizado nada importante por parte de un partido y de su gobierno, en el fondo y en la superficie opuestos y enemigos de las vertientes más revolucionarias y progresistas de la Independencia y de la Revolución Mexicana. El silencio tiene una causa: la real naturaleza del PAN. Que no nos sorprenda tanto, ya que en definitiva es lógico y natural.


Las consecuencias de la ilegitimidad


Las consecuencias de la ilegitimidad


Javier Sicilia

MÉXICO, D.F., 7 de septiembre.- La democracia en el México moderno ha sido tan incipiente como inestable. El primer momento en que pudo haberse logrado, se hundió con la usurpación de Victoriano Huerta, la Revolución Mexicana y el establecimiento de una dictadura de partido. El segundo está por hundirse con el sospechoso ascenso de Felipe Calderón a la Presidencia y la absurda guerra que desató contra el crimen.

Aunque uno y otro momentos tienen características diferentes –el primero fue burdo golpe de Estado que concluyó en la guerra y el establecimiento del poder del grupo de Sonora sobre los cadáveres de sus enemigos; el segundo, cuyas consecuencias aún no vemos, se fincó en un juego mediático y de manipulación de votos, que derivó en una guerra contra el crimen, en la ingobernabilidad y en un conjunto de facciones políticas, llamadas partidos, que se disputan no el gobierno, sino el poder para administrar esa misma ingobernabilidad–, ambos muestran que la crisis de nuestra democracia tiene que ver con la ilegitimidad.

Cuando no hay legitimidad –ya sea por usurpación violenta o por fraude electoral–, no hay manera de consensuar. Se gobierna con la fuerza o se vive la guerra. Calderón decidió gobernar con las dos: inventó una guerra para gobernar con la fuerza. Pero, al igual que Huerta, terminó rodeado por la guerra. El primero huyó –las razones políticas de las facciones que se le opusieron eran tan moralmente sólidas, y la poca fuerza armada que tenía a su lado tan débil, que no había forma de permanecer–.

Calderón no lo ha hecho. Las razones de su guerra son absurdas en el orden político, pero moralmente correctas. Sin embargo, las consecuencias son igualmente atroces. En medio de una guerra que día con día se le va de las manos y cuyos costos son cada vez más espantosos; en medio también de su incapacidad para generar consensos políticos, el país no sólo vive el horror de los enfrentamientos entre los cárteles y los que éstos libran contra el Ejército y la policía, sino también el horror de las guerras mediáticas de los faccionalismos partidistas. Lo que en la época de Huerta era, para decirlo con Emilio Rabasa, La Bola, que luchaba por conquistar una grandeza negada: la democracia, en la de Calderón es una Bola sin rostro que lucha por lo más pueril: el poder y el dinero.

En esas condiciones, 2012 se anuncia atroz. ¿Habrá condiciones para un ejercicio verdaderamente democrático que lleve al poder no sólo a un presidente legítimo, sino capaz de hacer los consensos político que requiere el país y pacificarlo? ¿Surgirá, en medio de la ingobernabilidad, la tentación en Calderón de crear un estado de excepción y, a la manera de Fujimori, intentar prolongar su estancia en el poder? ¿O esa tentación surgirá en el mismo Ejército que, imposibilitado para tener un marco legal en esta guerra, querrá tomar su propio camino? ¿El crimen organizado logrará penetrar de tal forma las filas del gobierno y de los partidos políticos que lo que tendremos será un presidente coludido con la barbarie? ¿Asistiremos –como sucedió bajo las consecuencias de la usurpación de Huerta– al ascenso de un grupo de poder que se perpetuará en él mediante la corrupción y la fuerza o, en otras palabras, veremos el retorno de un PRI que administrará la corrupción de las instituciones que creó y que la mediocridad de Fox no supo cómo desmantelar y refundar? ¿Qué sucederá con la izquierda que no logra reunirse; con los grupos disidentes que, como la izquierda de AMLO, el zapatismo chiapaneco o las guerrillas radicales, tienen aún un proyecto político? ¿Cómo jugarán sus cartas en medio de esta Bola más oscura que la de los tiempos de la Revolución?

Es imposible decirlo. Las consecuencias de la ilegitimidad abren un panorama sombrío que no anuncia un futuro promisorio para la democracia y la reconstrucción de un país que entró en el caos.

El lector, sin embargo, tendrá sus esperanzas. La mía es tan incierta y absurda como la de cualquier otro que en medio de la oscuridad del país camina a tientas en busca de una puerta, mientras imagina cómo puede llegar a ella: creo, después de escuchar las conclusiones de los “Diálogos por la Seguridad” a los que convocó Calderón, que su estancia en el poder es más dañina que su ausencia. Calderón debería irse, o bien, las Cámaras debieran destituirlo y colocar en su lugar a un presidente interino cuya legitimidad permitiera crear los consensos que salvaran la vida democrática y las elecciones del 2012. Esos hombres aún existen en nuestra vida política. Sin embargo, ¿las facciones tendrían el valor y la estatura moral de hacerlo? y, en ese caso, ¿tendrían –lo que no tuvieron los hombres de la Convención de Aguascalientes– la altura política para respetarlo y respaldarlo?

¿Quién podría saberlo? Sin embrago, prefiero hacer un esfuerzo de razón que aceptar una política de poder cuya ilegitimidad nos tiene sin sueño. Una buena regla de conducta es pensar que aún hay espíritus libres que pueden encontrar una salida razonable a lo irracional.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.