lunes, septiembre 21, 2009

De La Jornada


Paramilitarismo I


Carlos Fazio


Mientras permanecen intocadas las estructuras patrimoniales y financieras de los cárteles de la economía criminal, el poder militar crece y se expande por todo el territorio mexicano. En un aparente contrasentido, a la vez que se profundiza la anticonstitucional intervención del Ejército en tareas de "seguridad interior", se multiplican los grupos paramilitares de "autodefensa" y las guardias privadas. Con un dato irrefutable: a mayor militarización, mayor violencia.

Los expertos ponen el Operativo Conjunto Chihuahua, bajo el mando del general Jesús Espitia, como emblema del fracaso de Felipe Calderón en su "guerra" contra el crimen. Pero podríamos estar asistiendo a un fenómeno diferente. La extrema derecha utiliza el miedo cuando está desarmada y el terror cuando está armada. Y, como en toda propuesta autoritaria de rasgos neofascistas, lo paradójico es que la inconformidad contra el orden existente se manipula demagógicamente para consolidarlo y perpetuar así la miseria, la exclusión política y la violencia. La lógica es la misma de siempre: se trata de inflar al enemigo –los judíos, los negros, los comunistas, los subversivos, los indios– para canalizar en su contra los propósitos más reaccionarios generados por las contradicciones de clase y la crisis social y política.

En ese contexto, la violencia irracional no cesa. A los 18 fusilados del albergue El Aliviane, en Chihuahua, y los 10 "jóvenes desechables" ejecutados en Navolato, Sinaloa, se sumaron 10 más el 16 de septiembre en otro centro de rehabilitación para adictos en Ciudad Juárez.

Según el gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, "no es casualidad: es parte de la guerra entre grupos criminales". Así, a la política del acostumbramiento se suma ahora la de la "normalidad". Y como las matanzas son "normales" entre ellos (los "inde-seables"), el Estado justifica los crímenes y se lava las manos. Al fin y al cabo no son humanos. Sólo que Gustavo de la Rosa, de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chihuahua, estima en "más de 300, tal vez 500", los jóvenes ejecutados en la entidad en actos de "limpieza" o discriminación por motivos de condición social. El diputado local Víctor Quintana lo atribuye a escuadrones de la muerte dedicados a "exterminar" adictos.

No son los únicos casos. El 27 de agosto, en Copándaro, Michoacán, cuatro jóvenes aparecieron asesinados maniatados, semidesnudos, con huellas de tortura, impactos de bala y una letra Z marcada en la frente con un objeto punzocortante. El primero de septiembre, tres jóvenes limpiaparabrisas fueron ejecutados en Gómez Palacio, Durango. Sin aparente conexión, en Culiacán, Sinaloa, van 10 policías muertos en septiembre, luego de que apareciera una amenazadora manta con la leyenda: "Empezó la limpia de ministeriales X ratas y extorsionadores, así como ustedes han matado mucha gente inocente, agárrense investigadores y Oriones. Att. G.belico" (sic).

La misma lógica de la normalidad y del acostumbramiento puede aplicarse al asesinato de abogados de narcotraficantes, como el de Silvia Raquenel, ex defensora de acusados de pertenecer a las mafias de los Beltrán Leyva y del Mayo Zambada, y Américo Delgado de la Peña, ex penalista de Juan García Ábrego. La primera fue acribillada el 9 de agosto en el mercado La Pulga Río, en Nuevo León, y el segundo fue degollado en su domicilio en Toluca, el 30 de agosto.

En Chiapas, el 18 de septiembre, paramilitares de la Organización Para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (OPDDIC), bajo cobertura del gobierno del estado, emboscaron y agredieron a un miembro del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas e hirieron de bala a un ejidatario de San Sebastián Bachajón. Ya se olvidó el asesinato del presidente del Congreso de Guerrero, Armando Chavarría, el 20 de agosto.

El ambiente de terror, la fascinación por la mano dura, la "depuración" criminal, la mal llamada limpieza social, el sicariato y los escuadrones de la muerte hacen parte de las operaciones violentas en gran escala propias de sociedades que se internan en procesos totalitarios. Por lo general, los móviles son atribuidos al ánimo descontrolado de retaliación de elementos de los cuerpos armados del Estado o a motivaciones ideológicas que corresponden a imaginarios de higiene y asepsia social, étnica e incluso a una moral maniquea.

Sin embargo, pese al discurso negacionista oficial, cabe reiterar que, en sus diferentes modalidades, el paramilitarismo es un hecho político ligado históricamente con las estructuras militares y policiales del Estado. En países como Colombia suplanta ya a los mismos partidos, sus creadores.

El paramilitarismo forma parte del proceso de institucionalización del orden autoritario. Su función es exterminar opositores y/o a la "escoria social" y paralizar con el terror al movimiento de masas, conservando al mismo tiempo las formas legales y representativas caducas al hacer clandestina la represión estatal. La "estética" de la discriminación es parte de la estrategia paramilitar, que no se trata simplemente de un proyecto armado de guerra sucia, sino de la consolidación de un modelo de sociedad. Ante la mirada cómplice de muchos y la pasividad de las mayorías, los cuerpos seccionados, mutilados, lacerados con sevicia, buscan garantizar la eficacia simbólica del mensaje enviado al colectivo social: la alteración del cuerpo del enemigo, en función del sometimiento de la población civil al control y la subordinación, a través del miedo, como principio operativo.

En ese contexto, cabe recordar el análisis titulado La Secretaría de la Defensa Nacional en el combate al narcotráfico (2008), donde la Sedena alertaba sobre el riesgo de la inviabilidad del país ante la "previsible simbiosis" entre cárteles criminales y "grupos armados desafectos al gobierno", objetivos a "aniquilar" mediante una cruzada nacional de tipo contrainsurgente.


Paramilitarismo II

Mientras permanecen intocadas las estructuras patrimoniales y financieras de los cárteles de la economía criminal, el poder militar crece y se expande por todo el territorio mexicano. En un aparente contrasentido, a la vez que se profundiza la anticonstitucional intervención del Ejército en tareas de "seguridad interior", se multiplican los grupos paramilitares de "autodefensa" y las guardias privadas. Con un dato irrefutable: a mayor militarización, mayor violencia.

Los expertos ponen el Operativo Conjunto Chihuahua, bajo el mando del general Jesús Espitia, como emblema del fracaso de Felipe Calderón en su "guerra" contra el crimen. Pero podríamos estar asistiendo a un fenómeno diferente. La extrema derecha utiliza el miedo cuando está desarmada y el terror cuando está armada. Y, como en toda propuesta autoritaria de rasgos neofascistas, lo paradójico es que la inconformidad contra el orden existente se manipula demagógicamente para consolidarlo y perpetuar así la miseria, la exclusión política y la violencia. La lógica es la misma de siempre: se trata de inflar al enemigo –los judíos, los negros, los comunistas, los subversivos, los indios– para canalizar en su contra los propósitos más reaccionarios generados por las contradicciones de clase y la crisis social y política.

En ese contexto, la violencia irracional no cesa. A los 18 fusilados del albergue El Aliviane, en Chihuahua, y los 10 "jóvenes desechables" ejecutados en Navolato, Sinaloa, se sumaron 10 más el 16 de septiembre en otro centro de rehabilitación para adictos en Ciudad Juárez.

Según el gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, "no es casualidad: es parte de la guerra entre grupos criminales". Así, a la política del acostumbramiento se suma ahora la de la "normalidad". Y como las matanzas son "normales" entre ellos (los "inde-seables"), el Estado justifica los crímenes y se lava las manos. Al fin y al cabo no son humanos. Sólo que Gustavo de la Rosa, de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Chihuahua, estima en "más de 300, tal vez 500", los jóvenes ejecutados en la entidad en actos de "limpieza" o discriminación por motivos de condición social. El diputado local Víctor Quintana lo atribuye a escuadrones de la muerte dedicados a "exterminar" adictos.

No son los únicos casos. El 27 de agosto, en Copándaro, Michoacán, cuatro jóvenes aparecieron asesinados maniatados, semidesnudos, con huellas de tortura, impactos de bala y una letra Z marcada en la frente con un objeto punzocortante. El primero de septiembre, tres jóvenes limpiaparabrisas fueron ejecutados en Gómez Palacio, Durango. Sin aparente conexión, en Culiacán, Sinaloa, van 10 policías muertos en septiembre, luego de que apareciera una amenazadora manta con la leyenda: "Empezó la limpia de ministeriales X ratas y extorsionadores, así como ustedes han matado mucha gente inocente, agárrense investigadores y Oriones. Att. G.belico" (sic).

La misma lógica de la normalidad y del acostumbramiento puede aplicarse al asesinato de abogados de narcotraficantes, como el de Silvia Raquenel, ex defensora de acusados de pertenecer a las mafias de los Beltrán Leyva y del Mayo Zambada, y Américo Delgado de la Peña, ex penalista de Juan García Ábrego. La primera fue acribillada el 9 de agosto en el mercado La Pulga Río, en Nuevo León, y el segundo fue degollado en su domicilio en Toluca, el 30 de agosto.

En Chiapas, el 18 de septiembre, paramilitares de la Organización Para la Defensa de los Derechos Indígenas y Campesinos (OPDDIC), bajo cobertura del gobierno del estado, emboscaron y agredieron a un miembro del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas e hirieron de bala a un ejidatario de San Sebastián Bachajón. Ya se olvidó el asesinato del presidente del Congreso de Guerrero, Armando Chavarría, el 20 de agosto.

El ambiente de terror, la fascinación por la mano dura, la "depuración" criminal, la mal llamada limpieza social, el sicariato y los escuadrones de la muerte hacen parte de las operaciones violentas en gran escala propias de sociedades que se internan en procesos totalitarios. Por lo general, los móviles son atribuidos al ánimo descontrolado de retaliación de elementos de los cuerpos armados del Estado o a motivaciones ideológicas que corresponden a imaginarios de higiene y asepsia social, étnica e incluso a una moral maniquea.

Sin embargo, pese al discurso negacionista oficial, cabe reiterar que, en sus diferentes modalidades, el paramilitarismo es un hecho político ligado históricamente con las estructuras militares y policiales del Estado. En países como Colombia suplanta ya a los mismos partidos, sus creadores.

El paramilitarismo forma parte del proceso de institucionalización del orden autoritario. Su función es exterminar opositores y/o a la "escoria social" y paralizar con el terror al movimiento de masas, conservando al mismo tiempo las formas legales y representativas caducas al hacer clandestina la represión estatal. La "estética" de la discriminación es parte de la estrategia paramilitar, que no se trata simplemente de un proyecto armado de guerra sucia, sino de la consolidación de un modelo de sociedad. Ante la mirada cómplice de muchos y la pasividad de las mayorías, los cuerpos seccionados, mutilados, lacerados con sevicia, buscan garantizar la eficacia simbólica del mensaje enviado al colectivo social: la alteración del cuerpo del enemigo, en función del sometimiento de la población civil al control y la subordinación, a través del miedo, como principio operativo.

En ese contexto, cabe recordar el análisis titulado La Secretaría de la Defensa Nacional en el combate al narcotráfico (2008), donde la Sedena alertaba sobre el riesgo de la inviabilidad del país ante la "previsible simbiosis" entre cárteles criminales y "grupos armados desafectos al gobierno", objetivos a "aniquilar" mediante una cruzada nacional de tipo contrainsurgente.

de Ecomunidades




22 DE SEPTIEMBRE, DÍA MUNDIAL SIN AUTO

Uno de los aspectos centrales de la consigna ¡descrecimiento!, reside en la crítica que hace al tiempo económico que distingue a la sociedad en crecimiento, al time is money de los economistas; este fetichismo del tiempo de la economía se caracteriza por la primacía de los tiempos cortos sobre los tiempos largos y, también, por la primacía de la velocidad sobre la lentitud. La velocidad aniquila el territorio; vacía el mundo de sus calidades; representa el envejecimiento del mundo. Fue la revolución de los transportes del siglo XIX y luego, la revolución de las comunicaciones del siglo XX, las que convirtieron a la velocidad en un aspecto central del mundo moderno. El culto a la velocidad que emergió de estas revoluciones ha generado la explosión de un verdadero espectáculo de la velocidad. Como dice Paul Virilio, la velocidad es la cara oculta de la riqueza. Toda aceleración de algunos se paga con la lentitud de otros. Todo aumento en la velocidad engendra siempre una transferencia de poder de los miembros mas lentos a los más rápidos, es decir de los más pobres a los más ricos.

Este 22 de septiembre se celebra el Día Mundial Sin Auto, con datos como los siguientes: de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, cerca de 1.3 millones de personas mueren cada año en calles, avenidas o carreteras y entre 20 y 50 millones de personas sufren heridas no fatales. Algunos manifestantes en Suecia gritaron recientemente- ¡No existen los autos verdes! ( green cars) -¡Adapten la producción- hundan a la industria automotriz! .

La ciudad de San Luis Potosí, a pesar de contar con grandes fábricas de autos, produce más de la mitad de las bicis que se producen en México y tiene uno de los mejores planes de conversiones urbanas para crear calles y barrios sin autos. La ciudad de Guangzhou en China realiza silenciosamente una gran transformación hacia una urbanización libre de autos ( carfree).

Kingsley Dennis y John Urry publican su libro A Future without Cars( Un futuro sin autos) en el que predicen que los autos, como los conocemos, van a desaparecer en este siglo, ya sea por el desarrollo de un sistema post-auto ( ciudad compacta) o por el cambio climático o el pico del petróleo. Señalan que los cambios que se han propuesto para mejorar el sistema de autos, como los autos eléctricos o los combustibles alternativos, muy probablemente no cambiarán nada de los males que se proponen evitar. Hace muchos años afirmamos: ¡el mejor auto es el que no se produce!. Es hora de cambiar de costumbres: ¡dejemos de usar el auto!

Miguel Valencia

Ante la situación del país, quiénes serán los protagonistas?

México: ¿Serán trabajadores y jóvenes urbanos los decisivos en las

revueltas y las revoluciones?

Pedro Echeverría V.

1. Parece haber una gran diferencia entre revueltas y revoluciones. La burguesía le tiene más miedo a las primeras y en las segundas trata de acomodarse o lo hace de manera efectiva. Las revueltas nacen con mucha espontaneidad de las masas indignadas que se lanzan a las calles y luego se disuelven para regresar a las mismas acciones cuando sea necesario; por el contrario las revoluciones se organizan a partir de corrientes partidarias permanentes y dirigentes reconocidos. Las primeras desprecian a caudillos, dirigentes y partidos porque saben que estos, generalmente, buscan negociar o expropiar los movimientos; que buscan instituir un fuerte poder capaz de “expropiar y dominar a la vieja clase capitalista”. Quizá estas diferencias entre revueltas y revoluciones estén en la base de muchas divisiones que se dan en la izquierda, entre contrapoder y poder.

2. Cuando Marx planteó, a mediados del siglo XIX, que en el sistema capitalista la clase obrera de la gran industria era la única clase revolucionaria, la única capaz de destruir el sistema de explotación y crear las bases para la construcción de un sistema socialista igualitario, tuvo razón porque los campesinos apenas salían del viejo sistema feudal y las clases medias eran muy minoritarias. Luego de más de 160 años el sistema de explotación ha cambiado radicalmente: Los campesinos sólo representan alrededor de un cinco por ciento de la fuerza de trabajo, los obreros aún son una clase poderosa, pero más integrada al sistema, y las clases medias se hicieron más numerosas por el enorme crecimiento del sector terciario de la economía. Ya desde los años sesenta algunos destacados intelectuales, como Marcuse, Gorz, lo planteaban con mucha claridad.

3. Y no es que Marx se haya equivocado; nada de eso, porque él no era adivino ni especulador de ideas sino un profundo analista de las tendencias socio/económicas de su tiempo. Cuando Marx veía que la clase obrera sería la que enterraría el capitalismo los campesinos, en número, eran absolutamente mayoritarios, pero éstos, en lugar de confrontarse con el capitalismo y a los nuevos amos de la industria y el comercio, veían al terrateniente, incluso al clero, como su enemigo principal. Después de más de siglo y medio la situación ha cambiado: el sistema de explotación capitalista resistió todos los embates de los trabajadores creando una poderosa fuerza de represión (ejército, policías, tribunales, producción armamentista, guerras) y los obreros, campesinos, indígenas no lograron unirse para enterrar la explotación, la opresión y su miseria.

4. En México la revolución de independencia de 1810/21 estalló en el campo, se fortaleció recorriendo pueblos y cuando se planteó la toma de la gran ciudad, prefirió retroceder para evitar una gran matanza de campesinos rebeldes. Al parecer fue una estrategia correcta porque la ciudad –en particular la ciudad de México- estaba poblada por muchas fuerzas conservadoras, reaccionarias y clericales. Con la revolución de 1910/17 sucedió lo mismo: estalló en los campos de norte del país, se fortaleció en la provincia y la ciudad de México fue su soledad, su huída y su muerte. La clase obrera, aunque era muy débil, casi inexistente porque la industria era incipiente, fue cuatro años antes (encabezada por el anarquista Flores Magón) la detonadora de los inicios de la revolución. Pero también México era un país 80 por ciento rural.

5. Desde 1960, de acuerdo al censo de población, México es un país urbano; 50 años después –sobre todo por el giro exportador y dependiente que la burguesía proyanqui- la economía es menos de un 20 por ciento rural; mientras a los campesinos se les ha abandonado en inversiones, créditos, políticas de comercialización, etcétera, la economía urbana –esencialmente la del sector terciario (bancos, seguros, comercios, industrias, cibernética y demás)- absorbe todo. Los trabajadores, las mujeres, jóvenes, desempleados y marginados de la ciudad son hoy el sector ampliamente mayoritario y, al mismo tiempo el que se confronta más con el sistema. La clase obrera de Marx sigue siendo importante, sobre todo cuando se decide a luchar, pero el capitalismo parece integrarla. Por ello puede pensarse que la ciudad será el espacio de las futuras revueltas.

6. Al parecer no se puede esperar una revolución clásica en México. Ni la guerrilla guevarista, ni la huelga general, ni el rodeo de la ciudad por los campesinos, mucho menos a través del parlamentarismo. Muchos han hablado de “revoluciones pacíficas”, pero la experiencia histórica demuestra que aunque los trabajadores siempre son pacíficos y cuando acuden a sus mítines, manifestaciones de protesta van siempre desarmados, las prohibiciones, el cerco brutal, la represión de las policías y el ejército le imprimen a todas las protestas un carácter violento. Ni modo que ante una prohibición de marchas y protestas nos quedemos en nuestras casas a llorar como cobardes. Las revueltas y las revoluciones son derechos de los trabajadores y quienes en la historia han impreso la violencia y los asesinatos son los gobiernos y los empresarios.

7. Ante los profundos cambios sociales, económicos, políticos, parece que a los viejos sólo nos quedado la obligación de ayudar a formar (no deformar) militantes libertarios de los movimientos. No puede haber duda que los jóvenes han vivido en carne propia los profundos cambios del sistema en los últimos 30 años y son ellos los que mejor entienden la organización que se necesita para transformarlo. El autoritarismo y el falso orden impuesto por la burguesía y su Estado, las organizaciones verticales y jerárquicas, así como el sagrado respeto a las instituciones deben mandarse al carajo. Las revueltas y revoluciones deben pasar por encima de ellas aunque los viejos militantes se resistan a abandonar las ideas “organizativas” y de partido llenas de cadaverina. Parece que las nuevas revoluciones se han iniciado en el mundo pero en forma de revueltas libertarias.

domingo, septiembre 20, 2009

Este lunes 21 de Septiembre, un Proyecto Económico Alternativo






Jacinta libre

Video sobre la conferencia de prensa en torno a la liberación de Jacinta


Sobre Chávez Chávez como titular de la PGR


Carta de organizaciones civiles a senadores con relación a la postulación de Arturo Chávez a la PGR


Difusión Cencos México D.F., 17 de septiembre de 2009

Carta a senadores
CMDPDH / JPNH

A propósito de la postulación de Arturo Chávez Chávez por parte de Felipe Calderón para ocupar el puesto de Procurador General de la República, las organizaciones Justicia para Nuestras Hijas y la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, entregaron la siguiente carta a la senadora Rosario Ibarra (PT) y senadores José Luis Máximo García (PRD), Renán Cleominio Zoreda (PRI) y Ulises Ramírez (PAN), quienes se comprometieron a presentar el tema ante sus bancadas.

Estimado Senador/a:

Nos dirigimos a Usted en nombre de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, A.C., organización no gubernamental con 20 años de experiencia promoviendo la cultura del respeto a los derechos humanos, y de Justicia Para Nuestras Hijas, AC., organización de madres y familiares de niñas y mujeres asesinadas y desaparecidas en Chihuahua, con el objeto de externarle nuestra preocupación con relación al nombramiento anunciado por el Presidente Felipe Calderón Hinojosa del nuevo titular de la Procuraduría General de la República.

Nuestra inquietud está fundada en el desempeño que Arturo Chávez Chávez tuvo durante su cargo como Subprocurador y Procurador General de Justicia del estado de Chihuahua, en el contexto de los feminicidios ocurridos en dicha entidad. En este sentido, el 15 de mayo de 1998, la CNDH dirigió al gobierno del estado de Chihuahua y al Ayuntamiento de Ciudad Juárez, la recomendación 44/98, a fin de que se sancionen las acciones y omisiones en que incurrieron servidores públicos del gobierno federal y local. En particular, la recomendación número 7, dirigida al Gobernador de ese estado, señala:

7. Se sirva dictar sus instrucciones a quien corresponda para que, de conformidad con lo dispuesto en la Constitución particular del Estado de Chihuahua, así como en la Ley de Responsabilidades de los servidores Públicos de la misma Entidad Federativa, se realicen los trámites o gestiones correspondientes a fin de investigar todo lo concerniente respecto del desempeño de funciones del licenciado Arturo Chávez Chávez, Procurador General de Justicia del mismo Estado, por las omisiones referidas en el cuerpo de la presente resolución.[1]

Además, como es de su conocimiento, el Estado mexicano ha sido objeto de múltiples recomendaciones por dicha problemática en Ciudad Juárez y Chihuahua, emitidas por diversos organismos de derechos humanos tanto nacionales como internacionales; entre ellos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y distintos Comités y Relatores de la Organización de las Naciones Unidas, las cuales, urgen al gobierno mexicano a sancionar a los servidores públicos que, por negligencia, corrupción, falta de legalidad, obstrucción e irregularidades en las investigaciones, han permitido que estos crímenes queden impunes.

Con relación a lo anterior, los gobiernos, tanto federal como local, aceptaron cumplir las recomendaciones de estos organismos, sin embargo, las autoridades no remitieron las pruebas con las que acreditaran haber cumplido las mismas; ejemplo de ello, son los casos de asesinatos y desapariciones de mujeres que continúan sin una investigación efectiva y cuyos responsables no han sido sancionados.

Según el informe presentado el 25 de noviembre de 2003, la CNDH comunicó que, al concluir las investigaciones, observó que 263 mujeres fueron víctimas de homicidio en el municipio de Juárez durante el periodo comprendido de 1993 hasta noviembre de 2003, y que en la concurrencia de tales ilícitos existieron móviles violentos y sexuales en su ejecución, los cuales no habían sido oportuna y correctamente investigados.[2]

Es, precisamente, desde 1992 cuando Arturo Chávez Chávez ocupó el cargo de Subprocurador General de Asuntos Internos del Estado de Chihuahua; de 1994 a 1996 fue delegado de la Procuraduría General de la República en ese estado y, de 1996 a 1998 fue Procurador General de Justicia del Estado de Chihuahua.

El mandato legal y constitucional del Senado de la República lo obliga a velar por los intereses de la sociedad mexicana, de modo que, la ratificación de Chávez Chávez significaría: respaldar la impunidad, perpetuar la denegación de justicia a sus familiares, así como un insulto a la memoria de las víctimas.

Por lo anterior, y con el respeto que su cargo merece, le exhortamos a que considere lo expuesto en la presente misiva y difunda esta información entre los miembros del Senado de la República, con el objeto de que el nombramiento de Arturo Chávez Chávez como titular de la Procuraduría General de la República, no sea ratificado por esta Honorable Cámara. Un cargo de esta magnitud debe ser representado por una persona digna del mismo, que su trayectoria y experiencia garanticen a la sociedad el respeto irrestricto de sus derechos humanos.

Sin otro particular, reciba un cordial saludo y aprovechamos la ocasión para reiterarle nuestras muestras de consideración y estima.

Atentamente,

Norma Ledezma Ortega
Madre de víctima
JPNH

Juan Carlos Gutiérrez Contreras
Director Ejecutivo
CMDPDH

Ana Yeli Pérez Garrido
Abogada
CMDPDH

Adelanta AMLO propuesta alternativa de presupuesto


Adelanta AMLO propuesta alternativa de presupuesto.
La Jornada, 20 septiembre 2009.

Santiago Lachiguiri, Oax., 19 de septiembre. El boquete financiero del país puede resolverse con la sola suspensión de privilegios fiscales a las grandes empresas, aseguró aquí Andrés Manuel López Obrador.

Explicó que si se obliga a compañías como Telmex, Bimbo, Coca cola, Cemex, Maseca o a los bancos a pagar los impuestos que les corresponden, se pueden recaudar anualmente hasta 400 mil millones de pesos y proteger así "la raquítica, endeble economía nacional".

Al continuar su gira por municipios de usos y costumbres de la entidad, adelantó parte de la propuesta alternativa de presupuesto de egresos y ley de ingresos que presentará este lunes en la Cámara de Diputados.

Enfatizó que no es necesario sacrificar más a los mexicanos con un incremento a los impuestos, como pretende el "gobierno usurpador".

Dijo que el turismo, las remesas y la exportación de crudo, las tres principales fuentes de ingresos del país, se han visto afectadas por mantener una política económica antipopular, por lo que resulta contraproducente que en estas condiciones, donde también ha caído el consumo, se propongan como única salida nuevas tasas impositivas.

"Dice el gobierno usurpador que tiene un boquete de 300 mil millones de pesos por la crisis económica, nosotros sostenemos que el faltante es de 500 mil, pero esto no se resuelve aumentando impuestos; así, resulta más caro el remedio que la enfermedad, pues esto no genera condiciones de crecimiento, sino de mayor inseguridad y violencia", advirtió.

Adelantó que la propuesta que dará a conocer en la asamblea informativa de este lunes incluye bajar el costo del gasto de todos los altos funcionarios públicos, pues de los 3 billones de pesos del presupuesto de egresos, un alto porcentaje se destina a sufragar los salarios de la alta burocracia; esa medida, dijo, representaría un ahorro de 6 mil millones de pesos.

"Existen funcionarios como los ministros de la Corte, unos buenos para nada al servicio de la mafia, que ganan 600 mil pesos mensuales, el doble del salario del presidente Barack Obama; son salarios que ofenden", señaló.

Una cantidad similar se puede conseguir, agregó, si se eliminan prestaciones como el servicio médico privado, "ellos no se curan en el Seguro o en el ISSSTE, porque saben que ahí no hay ni medicinas, tampoco en el Seguro Popular, que ni es seguro ni es popular, sino pura demagogia, los altos funcionarios se pagan hasta cirugías plásticas a costa del erario".

Mencionó que una partida más, la del fondo de ahorro para la alta burocracia, le representa a los mexicanos un desembolso también de 6 mil millones de pesos; "se debe eliminar este trato preferencial a los altos funcionarios, así como las pensiones de 5 millones de pesos que reciben mensualmente los ex presidentes Carlos Salinas, Miguel de la Madrid, Luis Echeverría y Vicente Fox; con medidas como éstas se pueden resolver los problemas financieros del país, no aumentando impuestos", subrayó.

El tabasqueño insistió en que no puede cargárseles la mano a pequeños y medianos comerciantes, a pequeños y medianos empresarios, menos aún a una clase media que cada vez se reduce más o a los más necesitados, a los que ya no les alcanza el salario.

López Obrador visitó los municipios de Santiago Lachiguiri, Guevea de Humbolt, Santa María Guienagati, Santa María Chimalapas y San Miguel Chimalapas, donde sostuvo que gracias al Movimiento en Defensa de la Economía Popular, el Petróleo y la Soberanía Nacional, "los mexicanos no nos hemos convertido en esclavos en nuestra propia tierra".

Aseguró que debido al freno que ha significado este movimiento para los 30 barones del dinero que gobiernan al país, es que se justifica no haber claudicado " tras el fraude electoral de 2006", pues ante las "ambiciones" de ese grupo "hubiera sido un error garrafal hacernos a un lado; si hubiéramos transado con la mafia, si nos hubiéramos retirado no habría esperanza de que algún día cambien las cosas en México".

miércoles, septiembre 16, 2009

Presentación de libro viernes 18 sept.



Ahora faltan Teresa y Alberta


Jacinta sale libre luego de tres años de cárcel


Juan José Arreola/Corresponsal


El Universal

Querétaro Miércoles 16 de septiembre de 2009

07:53 "Me siento contenta", fue la primera exclamación de Jacinta Francisco Marcial al salir minutos después de la una de la madrugada de este miércoles del Centro de Readaptación Social (Cereso) femenil de San José el Alto, en donde estuvo recluida por espacio de tres años y un mes.

A Jacinta -indígena otomí de Santiago Mexquititlán- se le acusó y juzgó por el delito de secuestro en agravio de seis elementos de la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones (AFI) cuando éstos realizaban un operativo de decomiso de productos "pirata" en el tianguis de Santiago Mexquititlán.

Sin pruebas contundentes, en medio de un proceso plagado de irregularidades, con pruebas no definitorias, Jacinta Francisco fue acusada, juzgada y sentenciada a purgar 21 años de prisión por un delito que no cometió.

Junto con ella fueron también acusadas Teresa González y Alberta Alcántara, ambas también indígenas y también acusadas sin pruebas contundentes.

Jacinta salió del penal a bordo de un automóvil particular en el que iba acompañada por su esposo, Guillermo Francisco Prisciliano, por su abogado defensor, Andrés Díaz, y por una de sus hijas.

Pidió a quienes le realizaban preguntas que por ahora ya no la cuestionaran; se concretó a decir solamente que se sentía contenta y que después podría hablar, pues quería descansar.

Bernardo Romero Vázquez, quien es presidente del Centro de Derechos Humanos "Fray Jacobo Daciano" y quien fungió como enlace del Centro de Derechos Humanos "Agustín Pro Juárez", instancia que se encargó directamente de la defensa de Jacinta.

Bernardo Romero afirmó que ya en libertad, Jacinta junto con su abogados, analizarán la posibilidad de solicitar una indemnización por el tiempo que injustamente estuvo en prisión.

Héroes y fantasmas. La guerrilla mexicana de los años 70

    • NOTA: El libro Héroes y fantasmas. La guerrilla mexicana de los años 70, de Benjamín Palacios Hernández, se presentará el viernes 18 de septiembre a las 19:30 horas, en el Museo Metropolitano de Monterrey (antiguo Palacio Municipal)


HÉROES Y FANTASMAS*
La guerrilla mexicana de los años 70 (I)
Benjamín Palacios Hernández

15diario número 358, martes 1º de septiembre de 2009, www.15diario.com

“¿Por qué abandonaste las sendas holladas por el hombre y prematuramente, con escasas fuerzas pero con ánimo valeroso, osaste enfrentarte al dragón en su guarida? Indefenso como estabas, ¡ay!, ¿dónde se ocultaba la sensatez, ese escudo espejado...?”

Percy B. Shelley

“La misión última de todos los seres finitos dotados de razón es (...) la unidad absoluta, la identidad permanente, la plena coherencia consigo mismos”.

Fichte

Corría el año de 1977. Los días, los meses y los años se desgranaban, como paletadas de tierra en una tumba, sobre la humanidad de veintitantos hombres y una mujer presos en el antiguo penal de Topo Chico, en Monterrey, sobrevivientes de una guerra soterrada entre un Estado que actuaba con absoluta libertad para perseguir, ejecutar y desaparecer, y civiles que habían creído necesario agrupar sus convicciones en organismos armados.

Las ong’s eran un invento del futuro, y la prensa relativamente independiente y crítica un tema de la literatura fantástica. Los guerrilleros y sus actividades habitaban la nota roja en los periódicos, no las primeras planas y los encabezados. Salvo notables y muy escasas excepciones, no había articulistas de opinión que escapasen a la línea oficial que presentaba a aquéllos como asesinos y terroristas, agentes del (inasible) extranjero y traidores a la patria. Con precaria imaginación, alguna prensa imitaba a las películas del viejo oeste con insertos de: “se busca”, que exhortaban a la población a delatar a esos matones.

En un fenómeno insólito la reflexión vino de parte de los irregulares, primero que todos de un grupo de aquellos encarcelados en Topo Chico. Mediante una dolorosa revisión de su propio pasado inmediato, de su actividad, de sus concepciones y sus teorías –nunca de sus convicciones–, siete de ellos emprendieron lo que se conocería como la rectificación. De experiencias, orígenes y formaciones diversas, todos eran miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, la más extendida y poderosa de las organizaciones guerrilleras mexicanas; al mismo tiempo la más “culta” y, en una paradoja sólo aparente, la más radical de todas ellas.

El proceso había empezado en diciembre de 1974, cuando les llega la noticia de la disolución de la Liga en su concepción original y su dispersión en pequeños grupos en alguna medida enfrentados entre sí, que empezaron casi de inmediato a deslizarse por la pendiente del militarismo, uno de los extremos, justamente –el otro: el “democratismo”–, entre los cuales la Liga había intentado desesperada e infructuosamente mantenerse en equilibrio.

Hasta aquel momento las largas condenas de varias decenas de años que pendían sobre los guerrilleros poco o nada significaban; tarde o temprano la Liga vendría a rescatarlos: a sangre y fuego –como efectivamente existió un proyecto frustrado durante el primer tercio de 1974– o mediante un intercambio. La noticia de la desbandada de la organización no sólo alejó sine die la eventual liberación: conmovió también las conciencias de los prisioneros forzándolos a preguntarse cómo y por qué la “organización revolucionaria definitiva” había sobrevivido apenas un año y unos pocos meses. La represión de los llamados órganos de seguridad del Estado, con todo y haber sido brutal y sin obstáculo legal alguno, no podía explicar por sí sola el resultado. A pesar del elevado número de guerrilleros muertos en combate o asesinados en la tortura, de los desaparecidos y encarcelados, la guerrilla mexicana y en particular la Liga Comunista 23 de septiembre, que enfrentó el peso principal de la represión, no habían sido aplastadas físicamente.

Cabía entonces indagar, pensar y reflexionar en el otro polo: el de la propia organización, en sus teorías, en el sustento teorético de su actividad y, a fin de cuentas, en su concepción misma. Este esfuerzo de auto revisarse, de estudiar y repensar los hasta entonces considerados fundamentos inamovibles de una organización que ellos concebían, sin duda alguna, como preparada y destinada a la victoria, fue llevado a cabo en las peores condiciones imaginables: en el aislamiento físico y anímico de la cárcel. Producto de ello fueron varios documentos, la absoluta mayoría hasta ahora inéditos. Quizá el más ilustrativo de todos sea el extenso ejercicio testimonial que aquí se ofrece por primera vez –cuyo título de trabajo es Los siete de Topo Chico–, generado cuando aquel proceso de reflexión autocrítica estaba casi concluido.

Su origen es un proyecto presentado por Abraham Nuncio, quien por aquellas fechas había ido a conocerlos a la cárcel. Él les planteó la idea, arguyó sobre la importancia de que expusiesen su versión y les presentó entonces un guión, compuesto por el índice, que aquéllos deberían “llenar”. Los testimonios fueron grabados, poco a poco e individualmente, en algún rincón relativamente aislado del Topo Chico. Ellos constituyen un documento único en la historia, aún por escribir, de la guerrilla mexicana. Con estilos diversos y diferencias la mayoría de ellas de matiz, los autores –encabezados por Gustavo Hirales Morán– coinciden en una autocrítica que, en aquellas condiciones y en esa primera fase, aparece naturalmente incompleta y en proceso de maduración. Las rutas individuales del desarrollo de ese pensamiento conducirían a algunos de ellos a concepciones diferentes, incluso enfrentadas. Pero esta historia escapa a los marcos y los propósitos de esta investigación, si bien algunas muestras de ella podrán encontrarse en la introducción.

La historia del movimiento guerrillero en México es prácticamente inexistente. En otros países, regularmente, primero aparecen las historias particulares y después surgen novelas sobre el tema. Paradójicamente en nuestro país ha ocurrido lo contrario: existen algunas novelas de mayor o menor fortuna editorial mientras que la historia del fenómeno, a más de 40 años de su eclosión, sigue sin escribirse.

Se trata, ya nadie lo discute, de un periodo de fundamental importancia para comprender tanto el desarrollo posterior del país como las transformaciones de su estructura política. La historia, como la naturaleza, tiene horror al vacío. Los huecos existentes en ella son llenados con cualquier cosa (las novelas, por ejemplo), y sobre esos vacíos se generan las consejas y las versiones más peregrinas. Es momento, entonces, de dotar de sustancia a esta historia, expulsando a la anécdota sin más, la incomprensión y los mitos.

En el estudio introductorio intento explicar los orígenes, y a partir de ellos sentar lasbases para comprenderlaactuación y la trayectoria de la guerrilla que encarnó destacadamente en la Liga Comunista 23 de Septiembre. El análisis se centra en los empeños que condujeron al propósito, el único en la historia de la guerrilla mexicana, de fusionar a los grupos armados dispersos que pululaban en diversas regiones del país y se detiene en su culminación: la fundación en marzo de 1973 de la propia Liga.

En estos esfuerzos unificadores jugó un papel fundamental el grupo de Raúl Ramos Zavala asentado en Monterrey, justo en el centro tradicional de “la reacción mexicana”. No es en modo alguno desdeñable, y sí por el contrario preñado de consecuencias teóricas, el análisis de las razones de que haya sido justamente Monterrey la cuna político-formativa no sólo de los precursores de la Liga (y de algunos otros grupos armados comunistas), sino también el principal semillero de sus dirigentes. Es este un estudio que sigue pendiente.

(*) Este texto, a publicarse aquí en dos partes, corresponde a la “Advertencia” que encabeza el libro del autor, publicado con idéntico título en mayo del año en curso por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León.


HÉROES Y FANTASMAS
La guerrilla mexicana de los años 70 (II)
Benjamín Palacios Hernández

15diario número 359, miércoles 2 de septiembre de 2009, www.15diario.com

Respecto a la existencia temporal de la Liga existen aún ahora diversas interpretaciones. La nuestra es que la Liga Comunista 23 de septiembre, como tal y en su concepción original, tuvo una vida que va de marzo de 1973 a abril-mayo de 1974.

Existen sin embargo quienes sostienen que la Liga sobrevivió hasta ya entrados los años 80, e incluso algunos la prolongan hasta fechas tan tardías como 1990-91. Lo cierto es que, en nuestra opinión, en ese extendido periodo lo que sobrevivía eran tres o cuatro desprendimientos de la agrupación original –lo que Gustavo Hirales llamó en su momento “los restos del naufragio”–, cada uno de los cuales reclamaba ser “la auténtica” Liga.

Fue este, también, el lapso de mayor desenfreno de las tendencias militaristas incubadas ya en la propia Liga y manifestadas incluso en sus actas de fundación. Y no es de extrañar: destituida su dirección nacional, muertos en combate, desaparecidos o encarcelados sus principales dirigentes y con el cerco cada vez más estrecho y la feroz persecución policiaca, la reacción de los sobrevivientes era fatalmente natural.

De este modo la desconfianza y la psicosis de la “infiltración” se instalaron entre los combatientes que seguían vivos y libres, y su actividad cada vez más se reducía a la mera sobrevivencia y al contra-ataque exactamente en los mismos términos que la represión del Estado: ojo por ojo y diente por diente.

Lo que el lector tiene ahora en sus manos forma parte de una investigación de más largo alcance sobre el movimiento armado mexicano de la primera mitad de los años setenta, y, conviene insistir en ello, en particular acerca de su principal y más importante expresión organizada: la Liga Comunista 23 de Septiembre.

El proyecto de esa investigación “mayor” apunta más allá de donde ésta se detiene. Comprende tres partes más: La crítica de las armas y La caída: causas y manifestaciones, las dos primeras. La tercera y última estaría dedicada a adelantar algunas conclusiones que, forzosamente, dado lo inexplorado del tema, han de presentarse como provisionales. De todo ello se encontrarán aquí, de cualquier modo, apuntes de alguna manera detallados y desarrollos parciales.

Dificultades de diverso tipo han contribuido, durante un lapso ya bastante largo, al aplazamiento de la conclusión del trabajo en su planteamiento y extensión originales, de modo que decidí, como ya he dicho, hacer un corte en la cobertura temporal, y por consiguiente también temática, de mi objeto de estudio.

Este se detiene justamente en la fundación de la Liga para que pueda conservar una unidad que de otro modo –interrumpiéndose por ejemplo en el rastreo e interpretación de su intensa actividad– perdería al dejar abierto el desarrollo de la propia investigación, por no dotarla de un punto de llegada ciertamente todavía parcial, pero coherente.

Por lo demás, esta medida obligada por las circunstancias se sustenta también en una esperanza: que su publicación traiga consigo la apertura de los diques que, aún ahora, siguen conteniendo la abundante y rica información detrás de los labios de los sobrevivientes dispersos en los lugares más insospechados.

Muchos de ellos, a los que entonces no conocía personalmente, poseen información más abundante que la que en su momento pude recabar sobre eventos particulares, reuniones y operativos. Con su concurso y disposición para hablar –aunque parezca increíble, después de más de tres décadas algunos aún se muestran renuentes para proporcionar nombres y datos–, podremos consolidar los cimientos y añadir nuevos pisos a esta historia en construcción.

Paradójicamente la historia real de la guerrilla mexicana de los años setenta ha enfrentado también el fenómeno opuesto. Si bien algunos protagonistas de ella prefieren callar y olvidar, algunos de aquellos que formaron parte de lo que nosotros llamábamos nuestra periferia –pasada la época en la que haber sido guerrillero o haber tenido contacto con ellos era peligroso o por lo menos inconveniente, cuando por el contrario ello empezó a otorgar cierto status– se han mostrado más que dispuestos a hablar e incluso testimoniar sobre “su participación”. Especulando y tomando ventaja, precisamente, de que esa historia no ha sido aún escrita, han sembrado en un terreno abonado por la desinformación documental y hecho florecer, así, sus propias “hazañas”.

La construcción de la historia del movimiento armado mexicano de aquella época, entonces, que natural e inevitablemente se enfrenta a la dificultad representada por la diversidad de las concepciones y los juicios retrospectivos de sus actores, encara también un obstáculo bifronte e internamente contrapuesto: ex-guerrilleros que prefieren ocultar su pasado, y “ex-guerrilleros” que se lo inventan.

Además de algunas entrevistas directas con ex-compañeros de armas que me permitieron verificar ciertos puntos (fechas y acontecimientos particulares, principalmente), refrescar e incluso conocer otros olvidados o ignorados por mí, y también, en algunos casos, contrastar sus opiniones con las mías; además, asimismo, de una revisión y cotejo hemerográficos de la actividad previa a la Liga, de la Liga misma y de los grupos-secuela surgidos a raíz de su desmembramiento sobre todo en el área de Monterrey entre 1971-1976, he podido contar con cuatro textos sumamente valiosos, que se convierten en punto menos que invaluables si tomamos en cuenta la situación de penuria que, hasta ahora, continúa caracterizando a la documentación sobre la guerrilla mexicana: el original largamente inédito, ahora publicado aquí y al que estas líneas pretenden servir de introducción, del ya citado trabajo colectivo testimonial elaborado a iniciativa y con la coordinación de Abraham Nuncio, entre 1977 y 1978; una copia de las Cuestiones fundamentales, tal vez el único documento con pretensiones “programáticas” de la Liga, el cual después de un largo rastreo que me llevó varios años pude finalmente conseguir; A la luz de esta historia de batallas, análisis escrito en 1969, antes de la fundación de la Liga, por el que llegaría a ser el segundo en el mando, Manuel Gámez Rascón, y por último el que quizá sea el único ejemplar existente de las Actas –bien es cierto que casi completas– de fundación de la propia Liga Comunista 23 de Septiembre.

Quiero agradecer a mi hermana Lylia Isabel Palacios, a Rogelio Flores de la Luz, Javier Almaguer, Cecilia Saviñón, Marcelo Leija, Gerardo Escalera y Clara Eugenia Flores por haber realizado en su momento el rastreo y recopilación de notas tomadas de los periódicos regiomontanos (“El Norte” y “El Porvenir”, principalmente) de la época; a Elías Orozco Salazar, Gustavo Hirales Morán, Héctor Escamilla Lira y Carlos García Guerrero, por su tiempo, interés y disposición para ser entrevistados, por los recuerdos y por la información; y de nuevo a Hirales por haber vencido el tan común celo retentivo de documentos, haberme hecho saber de la existencia de las “actas de fundación” de la Liga y enviado su texto.

Todos ellos son, en distinto grado, no coautores pero sí copartícipes de este trabajo aunque, como siempre, la responsabilidad sobre las ideas, la forma y la calidad, es sólo mía.


LA GUERRILLA DE LOS 70:
UNA HISTORIA (AÚN) OCULTA
Benjamín Palacios Hernández

15diario número 368, martes 15 de septiembre de 2009, www.15diario.com


Allá arden los libros en la hoguera. ¿Qué has hecho para salvarlos? ¿Crees tú que basta con que te los aprendas de memoria? Acá se arrancan los intestinos de los cuerpos y se pisa los rostros con botas claveteadas. ¿Qué has hecho tú para impedirlo? ¿Piensas, por ventura, que conseguirás algo con esos sermones sobre el amor humano que predicas ante los sicarios armados hasta los dientes? ¿Que extingues el fuego porque le repitas los diez mandamientos?

El “anti-culto” al “culto”, Leszek Kolakovski

Al operar en todo el territorio nacional –con la excepción de los estados del sureste más allá de Oaxaca–, la Liga ha sido, entonces y ahora, la única agrupación armada “irregular” que no ha estado confinada a una región localizada. Fundamentalmente una estructura político-militar urbana, con sus centros principales de operación en Monterrey, Culiacán, Guadalajara y el Distrito Federal, intentó crear y mantener sus propios frentes y columnas de guerrilla rural.

Fracasadas las negociaciones con el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas que buscaban establecer una coordinación entre ambas fuerzas, la Liga pudo en cambio sostener un núcleo guerrillero en la sierra de Chihuahua, que logró reclutar un pequeño número de indígenas tarahumaras y que, incluso, sobrevivió durante algún tiempo después de la desaparición de aquélla. Fue capaz también, como hemos visto, de crear otra columna en un lugar tan distante de esta zona como la sierra oaxaqueña.

La Liga Comunista 23 de Septiembre, que se mantendría en actividad durante un relativamente corto aunque intenso periodo hasta abril de 1974, fue también –como ya se ha apuntado– la menos militarista de las organizaciones guerrilleras del país durante la década de los setenta.

Ninguna otra pudo –y es de dudar que las de ahora puedan– exhibir en sus mismas actas fundacionales pasajes que afirman que “la necesidad de agitar a través de la acción militar, poniendo énfasis en eso, es una desviación terrorista”, o bien que la “forma fundamental de lucha que debe promover la organización es la lucha política y en segundo término la guerra de guerrillas” (Actas, p. 87; cfr., también, infra, nota 7).

No un papel menor en la configuración de esta característica desempeñó otra de las peculiaridades de la Liga, esto es, la importancia asignada por ella –al menos en sus primeros tiempos– a la formación teórica de sus militantes y a la elaboración también teórica de los problemas. Que sus teorías no hayan sido del todo sólidas y no todas racionales (¿cuál, de entre todas las agrupaciones y partidos no armados de la época lo era?) es un problema cuyas consecuencias habrán de discutirse en otro lugar.

Para el que aquí nos ocupa –el de mostrar los rasgos que confieren a la Liga su calidad de organización armada sui generis–, en cuanto a este punto un dato lo resume todo: una organización de combate que en su momento pudo ser acusada, por otros grupos guerrilleros, de... teoricista.

A diferencia de la parcialidad de uno u otro signo propia del propagandista más que del ideólogo, del “político” y no del historiador, los miembros de la Liga –y en general los integrantes del movimiento armado que dramatizó los años setenta– no debieran ser considerados ni como ángeles ni como demonios. También ellos, como todos nosotros, se parecieron más a su época que a sus padres.

Si ha de ser cierto que el oficio del historiador implica, en primer lugar, el esfuerzo por comprender, debería entonces ser obvio que en nada ayudan a sus propósitos aquéllos que –según la expresión de Thompson– leen la historia a la luz de una problemática posterior y no a la de aquélla en la cual los hechos ocurrieron.

Una lectura de la historia, tan frecuente y tan deletérea, que “sólo recoge lo que ha triunfado” en tanto que “las causas perdidas, los caminos muertos y los mismos vencidos son olvidados”, que hizo a Thompson proclamar la necesidad de rescatar a estos últimos de “una posteridad excesivamente condescendiente”, o excesivamente condenatoria, agregaríamos por nuestra cuenta.

Pero si la historia no fuese comprensión sino catalogación, si ella fuera algo así como el archivo fáctico y documental de la Suprema Corte de la Humanidad y el historiador una suerte de árbitro de las derrotas y las victorias, juez del error y el acierto y censor de las intenciones, aún así habría que levantar acta de los motivos de los enjuiciados.

En el caso, todos ellos podrían suscribir –no como excusa, sino como explicación– el encendido reclamo del anti-culto de Kolakovski.

A todos nos honraría, incluso como nación, que pudieran también rubricar la sentencia del Me-Ti: mi miedo es una debilidad que me concierne sólo a mí; mi muerte concierne a todos...

    • Este texto corresponde al epílogo del libro Héroes y fantasmas. La guerrilla mexicana de los años 70, que se presentará el viernes 18 de septiembre a las 19:30 horas, en el Museo Metropolitano de Monterrey (antiguo Palacio Municipal)