lunes, octubre 29, 2012

En el México del absurdo





Consumo de nombres, sobreoferta de cadáveres
Abraham Nuncio

Los nombres que cimbran y conmocionan a la sociedad son consumidos y poco después sustituidos con la misma facilidad por otros que los suplen. El consumismo, lo saben las mentes perversas que mandan sobre nosotros, es la fuente del olvido.

Los nombres de los cadáveres son muchos. Algunos llaman más la atención que otros. Entre estos últimos se encuentran los de Hernán Belden Elizondo, ex diputado al Congreso de Nuevo León por Acción Nacional; Eduardo Moreira Rodríguez, hijo de Humberto Moreira, ex gobernador de Coahuila y coordinador inicial de la campaña de Enrique Peña Nieto, y Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca, otro ex, en este caso de la jefatura del grupo delictuoso Los Zetas.

Así como Kafka respecto del absurdo, los narradores que han destacado en torno al humor macabro serían en el México de nuestros días escritores costumbristas. Nicolai Gogol, el fundador de la narrativa moderna, tendría que pensar en algo mucho más impactante que inventarse en Las almas muertas un personaje que se dedicara al negocio de comprar almas de siervos (cadáveres de trabajadores feudales) para poder aspirar a rico. Evelyn Waugh jugó magistralmente con la industria funeraria en Los seres queridos, pero también tendría que pensar en una trama de mayor punch para tener éxito con los lectores mexicanos. Lo mismo puede decirse de José Saramago, que escribió Las intermitencias de la muerte, novela donde el impromptu de no morirse causa terribles problemas sociales.

Los cultivadores del género tendrían suficiente con transcribir nuestras realidades cotidianas para tener un éxito garantizado de librería. México es un país donde un hombre es aprehendido por haber asesinado al candidato priísta Luis Donaldo Colosio, pero al que procesan por el crimen es otro. Más tarde es liquidado un político ligado a la familia presidencial. El diputado a quien se atribuye su homicidio desaparece; luego, asesorado por una señora vidente de profesión y aún presa, el propio fiscal federal ordena sembrar unos restos humanos como para incriminar al hermano del presidente reo de otros delitos. Más tarde se dijo que pertenecían al diputado desaparecido; al cabo no fue cierto. Es probable entonces que se tratara del esqueleto de la señora Morales. Caso similar de desaparición y reaparición fue el de una niña de cuatro años de edad que tenía discapacidad motriz y vocal. Dormía en su hogar y de repente desapareció. Sus padres la hicieron buscar por Internet y tierra. La policía, sus perros y el mismo procurador del estado de México se presentaron en la habitación de la niña y dieron muestras mediáticas de una indagación vehemente. La niña apareció muerta debajo de su cama nueve días después. La hipótesis más creíble, aquella de que salió por su ventana siguiendo a Peter Pan rumbo a la tierra de Nunca Jamás, y de la falla técnica que se presentó a su regreso, no fue difundida por temor a represalias.

En los muertos recientes a que me refiero no ha faltado, así haya sido involuntario, el humor macabro. Hernán Belden, vinculado a una de las familias nucleares del grupo Monterrey, desapareció en circunstancias sospechosas de mala conducta para lo que es la moral de San Pedro (Garza García). Su controvertido alcalde dio a conocer antes que nadie el secuestro de Belden. Cuatro días después fue hallado muerto. Cuando es llamado a declarar, el alcalde ante las autoridades acusa de hocicón al procurador y de imprudente al gobernador de Nuevo León. Su indignación contra el gobierno priísta es reproducida por la militancia blanquiazul. Pero ésta cesa cuando se difunde que el último hombre con quien Belden tuvo contacto telefónico es el abogado y empresario Edelmiro Sánchez Hernández, operador financiero del PAN en diferentes niveles, los más altos incluso, y acusado de tráfico de drogas hace ocho años, aunque exonerado por la PGR tras asumir su compinche la culpa total del cargamento de mariguana que les fue confiscado. En la red de Sánchez, Reporte Índigo incluye al panismo local y nacional, al grupo San Nicolás de esta corriente encabezado por Fernando Larrazabal y a José Rojas Cardona, El Zar de los Casinos. En todos los tonos se ha dicho lo que Soledad Loaeza afirmó en el tercer Foro sobre la Democracia en Latinoamérica: lo caro de las elecciones enajena la autonomía del Estado. Amigo de panistas, Sánchez también lo era del gobernador priísta, según se dice. Su desaparición del escenario, a pesar de ser testigo de cargo (la procuraduría local nada sabe del personaje), parece confirmar esta última incomodidad. Quizá por ello el propio gobernador llamó a dejarse de acusaciones: Nuevo León no pierde el tiempo, no se distrae y está trabajando, dijo. Lo cual significa, para todo efecto práctico, que Nuevo León no mató a Hernán Belden Elizondo.

Es asesinado poco después el hijo de Humberto Moreira. ¨¡No sabes gobernar! ¡Esto es tu culpa, maldito! ¡Renuncia!”, impreca la viuda a Rubén, el hermano de Humberto y su sucesor en el gobierno de Coahuila. La actitud de la viuda de Colosio actualizada, lo cual significa que jamás se aclarará ese crimen.

El Lazca. ¿Un jefe de jefes sin escolta abatido por la Marina? El hecho es que lo matan; muerto se espera a que lo encojan de estatura, le alteren los rasgos faciales como parte de la necropsia y lo fotografíen a modo de difundir su rostro para usos de prensa. Acto seguido desaparece.

En México, el humor del cartonista Dzib (La autopsia dirá si vive) pierde todo sentido.

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