lunes, abril 11, 2011

Contrabando humano Vip: las entrañas de la corrupción


Contrabando humano VIP

Contralínea. Ana Lilia Pérez

Investigaciones internas del área de inteligencia de la Secretaría de Gobernación y del Instituto Nacional de Migración revelan el modus operandi de las redes de tráfico internacional de indocumentados más costoso del mundo –que genera ganancias de 90 mil dólares por indocumentado– y la penetración de los traficantes en la administración de Felipe Calderón. Los documentos exhiben cómo, en plena “guerra oficial contra el narcotráfico”, el contrabando humano Vip –fuente de ingresos para los cárteles mexicanos, según la ONU– tiene paso libre en las aduanas del país


La colusión entre autoridades y funcionarios migratorios convirtieron a México en trampolín de redes internacionales del tráfico humano más costoso del mundo: transporte aéreo, lujosos hoteles y restaurantes gourmet. Para las organizaciones criminales de tráfico de indocumentados Vip, los cárteles mexicanos ofrecen sus servicios como outsourcing directamente o a través de funcionarios públicos incluidos en sus nóminas.

El vuelo Air France 434, procedente de París, aterriza sin contratiempos en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Apenas se detiene, Lin desabrocha el cinturón, se levanta, abre el compartimento del equipaje de mano y toma su bolso. El avión conecta justo en la terminal 1, así que camina por el túnel hacia la sala 26.

A medida que los pasajeros ingresan, dos agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) revisan pasaportes. La mayoría son franceses, italianos y uno que otro, tunecino. Lin extiende el suyo: un pasaporte color vino con el escudo de la República Popular de China. El agente le indica que aguarde. Una vez que revisan los demás, le piden que los acompañe.

Caminan hacia los filtros migratorios. Antes de llegar, el agente le devuelve el pasaporte y coloca dentro la visa con la fotografía de Lin. Le indica el filtro al que debe pasar. En el mostrador, otro agente del INM da visto bueno a sus documentos. Lin se traslada hacia el vuelo que la llevará directo a Filadelfia, donde la espera su esposo.

Ésta no es una revisión migratoria normal, sino una fase de la red contrabando de indocumentados. Lin llegó a México sin visa y el agente del INM le dio una apócrifa. Ella entregó las fotografías en Beijing a los traficantes que su esposo contrató en Filadelfia, por 85 mil dólares, para que la trasladaran a Estados Unidos, y éstos, a su vez, las enviaron a sus socios mexicanos para que falsificaran la visa.

Aquella noche, los agentes del INM entregaron documentos similares a otros dos pasajeros de origen chino que llegaron en el vuelo AF434.

Lin es indocumentada, pero su viaje nada tiene que ver con el del los cientos de “sin papeles” que ingresan a diario a territorio mexicano, particularmente por la frontera Sur. Los polleros la trasladan de aeropuerto en aeropuerto, de manera que no tendrá que enfrentarse a la Bestia, correr en las redadas ni implorarle a dios que la proteja de los secuestros de Los Zetas, porque Lin es una indocumentada Vip, de los que jamás se les verá cruzar el desierto ni dormir en albergues. Es el contrabando humano mejor organizado del mundo.

Contrabando sofisticado

Cuando se habla de ciudadanos de China traficados a América, se imagina a cientos de hombres y mujeres segregados en la bodega de un vetusto barco, ocultos en el doble fondo de un tráiler, hacinados en sótanos y galerones clandestinos sin ventilación. En cargueros, graneleros, o chineros que zarpan de los puertos de Guandgdong, Hong Kong y Shanghái, miles de chinos son trasegados del mismo modo en que hace dos siglos los chinese brokers traían la mano de obra con la que sustituyeron a los negreros. Pero no todo el contrabando es igual.
Las Triadas, organizaciones criminales que controlan en Asia el tráfico de drogas, la piratería, la trata de personas y el tráfico de indocumentados a América operan también el contrabando de indocumentados vía aérea, con la colaboración de agentes migratorios, aduanales y empleados de aerolíneas.

Quienes contratan sus servicios para que los lleven a Estados Unidos, e incluso, a México no duermen en galerones o contenedores, sino en camas king size, en hoteles con alberca y centros business; tampoco viajan en el doble fondo de un camión, sino en taxis turísticos. Comen en restaurantes y reciben instrucciones vía celular, con interconexión en cada país de transbordo.

Por ejemplo, varado en La Habana, Liu Lee recibe un mensaje de texto en su celular. Su traficante le indica que recién le envió a su correo electrónico el boleto de avión que lo llevará a Cancún como indocumentado. Acude a un café internet ubicado en el barrio chino y lo imprime; éste fue comprado por el traficante en la ciudad de Kowloon, Hong Kong, a la KLM Royal Dutch Airlines. Cuando sale de Cuba, le cambian el celular por otro que usará en México. Así ocurrió desde que voló de Shanghái a Ámsterdam y de Ámsterdam a La Habana.


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