sábado, mayo 09, 2009


Guerra a los pobres, paz a los turistas.

Pietro Ameglio,

La jornada de Morelos, 4 mayo 2009


En estos tiempos de guerra de muy diferentes características en todo el territorio nacional, promovida a diario por todas las instancias de gobierno y sus aliados, está surgiendo una nueva táctica oficial: desde hace mucho tiempo hemos ido presenciando el proceso incontenible de criminalización del activismo social, con su pico más alto y con un grado increíble de inhumanidad y miserabilidad en la impune condena a los presos de Atenco en La Palma, recordando el próximo 3 de mayo el salvaje operativo oficial con asesinatos, violaciones y cárcel. Ahora estamos asistiendo a una creciente criminalización de los pobres, no de la pobreza a la que todos los días se promueve abundantemente con las políticas económicas gubernamentales. Ensañarse moral y policialmente con los económicamente más débiles denota un alto grado de miserabilidad humana.

Algún miembro del cabildo de Cuernavaca sospecha que detrás de esta lucha hay intereses ocultos, partidistas o desestabilizadores del orden social, no alcanzan a comprender que detrás sólo hay ciudadanos pensantes, con un conocimiento de la historia y de lo lejos que estamos de llamarnos humanos como especie. La construcción de una identidad moral humanista no permite que alguien deje pasar y avanzar tamañas acciones racistas, clasistas, ilegales, bélicas e impunes. Conocer la historia nos enseña que cuando los procesos deshumanizantes se desencadenan uno nunca sabe a dónde van a llegar.


El proceso genocida nazi no llegó mágicamente al exterminio de seis millones de judíos en las cámaras de gas, esto no se dio de un día para otro por la perversidad de algunos líderes desequilibrados, no fue la acción de pocos sobre muchos, al contrario fue la acción de muchos (grandes porciones de las sociedades europeas y norteamericana) sobre pocos. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque la inmensa mayoría de la población no alcanzó a captar la degradación social moral que estaba en curso para construir tamaña inhumanidad, y se instaló en muchas formas de complicidad –voluntaria y no. Primero se alimentó el prejuicio en todos lados del judío rico causante de los males alemanes; luego se les “marcó su cuerpo”, negocios y casas con estrellas amarillas; después se quemaron en plazas públicas libros de autores judíos; posteriormente se les prohibió trabajar en la administración pública; a continuación se les encerró en ghettos; luego se les mandó a campos de trabajo; después a campos de concentración y finalmente a campos de exterminio. De ahí que los procesos de guerra, instalados en el orden social en todas sus esferas según Foucault, comienzan con la extensión del pre-juicio y pueden acabar hasta en el genocidio, si la sociedad no los detiene a tiempo.

Actualmente en nuestro país están en pleno apogeo políticas de “marcar cuerpos y limpiar calles”: en Aguascalientes se tortura, corta y pinta de tricolor el pelo a los reincidentes en delitos menores, en Guanajuato y Culiacán se prohíbe besarse en la calle y decir groserías, en León se mantiene desnuda a la vista del público y tortura a una estudiante en la cárcel municipal, en Querétaro se extorsiona a artesanas indígenas, en Tuxtla se impide a pepenadotes trabajar, en Cuernavaca se prohíbe el trabajo en la calle (desde artesanas indígenas, vendedores de animales hasta limpiavidrios y vendedores de dulces en los cruceros) y se les pone playeras azules y gafete a los trabajadores autorizados en los semáforos aludiendo a la limpieza de la ciudad…

El sistema democrático liberal que nos rige tiene como uno de sus máximos pilares el carácter de la representatividad, eso es lo que otorga aparente legitimidad a los gobernantes. A la vez, este punto es de los aspectos más en crisis y cuestionados actualmente, pues los representantes asumen el poder y no toman en cuenta para nada a sus representados en la toma de decisiones que corresponden a los reales intereses económicos y políticos que los “pusieron” en ese cargo. Los regidores y presidente municipal de Cuernavaca que modificaron el artículo 129 del Bando de Policía y Buen Gobierno no consultaron a ningún sector de la ciudadanía para criminalizar a los trabajadores de la calle, adujeron en el texto a un estudio de Transparencia Mexicana del 2005 que habla de Morelos en general en dos cuartillas, y nunca han presentado públicamente las denuncias ciudadanas que citan textualmente acerca de choques, robos y extorsiones de trabajadores de la calle en parques y cruceros de la ciudad. Sin embargo, con base en sus prejuicios sociales de clase y profunda ignorancia de lo que es la calle se han permitido castigar policial (36 horas de cárcel) y materialmente (100 salarios mínimos) a quienes luchan con toda dignidad contra el hambre en la calle.

Todo esto además en una de las coyunturas contemporáneas de mayor crisis económica nacional: de noviembre de 2008 a enero 2009, 540 mil quedaron sin empleo y hubo casi 6 mil despidos al día (IMSS); Casi 2 millones de mexicanos sin empleo al finalizar 2008 (INEGI); la mitad de los trabajadores del país pertenecen al sector informal (INEGI).

Por otro lado, esta nueva disposición del Artículo 129 es notoriamente anticonstitucional, pues viola flagrantemente la garantía constitucional referente a la liberad de ocupación que debe prevalecer en México, al considerar como “infracciones al orden público, las buenas costumbres y la moral” la prestación de servicios, la comercialización de productos o el hecho de solicitar dádiva en la vía pública. El artículo 5º de la Constitución señala expresamente que: “A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos”.

CAMINAR PREGUNTANDO: 83% NO AL BANDO

Por ello, un grupo de organizaciones civiles, de muy distintas tendencias, decidimos “caminar preguntando” y hacer lo que la autoridad no hace: preguntar a la población qué piensa acerca de esta prohibición del trabajo en la calle. Organizamos así una Consulta Ciudadana, con rigor y metodología científica, sin ninguna tendencia previa, porque realmente nos interesaba conocer la opinión de la ciudadanía. Se hizo un muestreo aleatorio simple de 2566 personas (poco menos del 1% de población cuernavacense, 53% hombres y 47% mujeres), de todas las clases sociales y edades, en un vasto territorio de la ciudad: 118 colonias de las 209 censadas, considerando entre los consultados sólo a los residentes en Cuernavaca (81%) o que trabajan allí. La ocupación laboral de los encuestados fue en su mayoría de empleados (gobierno, ejército, empresa privada…) con un 30% del total; luego estudiantes y trabajadores por cuenta propia (privados, vendedores, servicios y oficios, campesinos…) con un 20% cado uno; después vinieron los profesionistas (15%), amas de casa (7%), pensionados, desempleados, etc.

Nos ha parecido así una muestra considerablemente representativa de la opinión ciudadana, por supuesto susceptible de ser mejorada o discutida, pero se trata de un objeto material y científico, con legitimidad moral e intelectual, a partir del cual se puede iniciar una discusión sería del Bando, algo que la autoridad no ha proporcionado en nada (el Centro de DDHH Digna Ochoa y la Comisión Independiente de DDHH de Morelos han solicitado reiteradamente sin resultados las denuncias ciudadanas que se mencionan como prueba).

En la Consulta Ciudadana se le preguntó a la gente sobre su experiencia directa con los argumentos (textuales) que la autoridad expone para prohibir el trabajo en la calle. Los resultados fueron contundentes: 83 % (2 136 personas) no está de acuerdo con las modificaciones al artículo 129, que prohíben de hecho el trabajo en la calle. A su vez, las justificaciones con que el Cabildo ha realizado sus modificaciones no se sustentan: 98% (

1 668 de los automovilistas consultados), NO ha tenido nunca un accidente de tránsito provocado por un trabajador de la calle; 97 % (1 661 automovilistas consultados) NO ha sido nunca asaltado por un trabajador de la calle mientras manejaba; 95% (1 613 automovilistas consultados) NO ha sido nunca agredido por un franelero; 84% (2 309 automovilistas consultados) No ha recibido nunca una extorsión de los franeleros.

Ante estos resultados, las organizaciones sociales decidimos solicitar al Cabildo:

la derogación de las modificaciones al artículo 129 del bando de Policía y Buen Gobierno de Cuernavaca, publicado el 23 de enero de 2009; promover el empleo; consultar a la ciudadanía acerca de las medidas que se tomen sobre el empleo; consultar a la ciudadanía acerca de las formas del uso público y privado de la calle y del medio ambiente.

LOS POBRES AFEAN LA CIUDAD Y ASUSTAN A LOS TURISTAS.

Para discutir lo anterior se realizó un pre-cabildo el pasado 24 de abril. Iremos citando con cuidado e intento de la mayor precisión textual posible los argumentos oficiales de la discusión en el pre-cabildo, porque son indicativos de muchas cosas, sin afán tampoco de satanizar a la autoridad, pues tenemos claro que muchas de sus concepciones nacen de la ignorancia (histórica, sociológica, moral), no necesariamente de la mala fe, o sea, nunca en su vida han conocido o intercambiado más de dos frases con un trabajador de la calle, por lo que no tienen ni idea de su identidad y vida real, los ven como actores estereotipados de telenovela. Por otro lado, se mencionó que la modificación fue adoptada por unanimidad, algo que nos parece cuestionable escuchando opiniones discordantes y contrastantes.

1- “Los trabajadores de la calle son focos de infección social, son promiscuos…alejan a los turistas”. Comencemos sin duda por el objetivo central de este artículo 129: lo que el Cabildo y Ayuntamiento buscan es crear una Cuernavaca centrada en el turismo y los pobres “afean” la ciudad, no la hacen “atractiva” y atemorizan a los turistas: “sacar a los pobres es sólo una primera fase para Cuernavaca turística…ya que el mismo aspecto de los trabajadores hace que los turistas se asusten, no se ve bien”. El nivel de racismo de estas frases por sí solo bastaría para obligar con la mayor indignación posible a la renuncia de estos funcionarios, sin embargo

no hay que tampoco que soslayar que responden a prejuicios sociales típicos de la clase burguesa. Esta guerra contra los pobres y su derecho a no ser exterminados, por suerte y gracias a la historia, no tiene posibilidades de triunfo, por el contrario, son los más pobres y pequeños quienes hoy día nos están señalando –como maestros- el camino original y más humano: la autonomía como resistencia al capitalismo y la desobediencia debida a lo inhumano.

2- “En la calle están sólo los que se drogan, ellos han venido a descomponer la vida”. Dos grandes prejuicios en plena acción: la calle como un lugar perverso en sí mismo y la droga asociada a los más pobres. La calle es parte central de la vida urbana, primeramente pensada para las personas y no para los coches (como muchos creen actualmente), donde milenariamente se han desarrollado las mejores relaciones, aprendizajes y experiencias humanas, un espacio que pertenece a toda ciudadanía, y de ninguna manera puede ser expropiado por la autoridad en nombre de falsas seguridades y moralismos, que no son otra cosa que excusas para sus negocios.

Por otro lado, la drogadicción es un fenómeno ampliamente expandido en todas las sociedades del mundo, que no se circunscribe a la calle sino que está presente en todos los espacios geográficos y sociales. En cualquier centro de estudios, antro de diversión o lugar de reunión existe tanta gente que consume droga como en la calle. Al contrario, los que más consumen droga son los de mayor poder adquisitivo.

3- “Los padrastros y madrastras obligan a los niños a salir a la calle y llevarles el dinero”. Esta idea que puede tener incluso buenas intenciones humanitarias de protección a la infancia, que nace de otro enorme prejuicio social de clase: los pobres son flojos (“trabajo hay, pero no quieren) y sus hijos que trabajan en la calle son explotados por ellos. Quien ha conocido de cerca cualquier familia de escasos recursos materiales sabe perfectamente que todos hacen parte de un sistema integral laboral-productivo de sobrevivencia, y que eso no necesariamente responde a una categoría sociológica de explotación laboral, sino de integración familiar. Me ha tocado ver a mamás o hermanos mayores en la parada del camión, vigilando amorosa y atentamente a sus hijos malabareando en la esquina. Nadie está tampoco negando que no pueda haber explotación a menores en el trabajo callejero, pero ésta no es menor ni mayor a la que existe en cualquier otro ámbito de la sociedad mexicana, donde, por ejemplo, la pornografía infantil se ha convertido en uno de los mayores negocios, empezando por empresarios y políticos (Kamel, Succar, Gamboa, Marín…).

Se trata, por tanto, de un problema sociológico y de trabajo social, y no de un problema a tratar policialmente.

4- “Los limpiavidrios te abordan quieras o no, son turbas”. Aquí sale a flote una de las mayores causas del “infantilismo social”, y la construcción del prejuicio, en la que la población (aun los llamados “progresistas”) exhibe su bajo nivel de toma de conciencia: la generalización. En la Consulta realizada quedó muy claro que esta afirmación es totalmente falsa, en un grado mayor al 95% de la gente, sin embargo hay personas que dicen “en tal crucero un limpiavidrios o franelero me agredió”, y enseguida generalizan que así son todos esos individuos. Lo que no toman en cuenta es que eso les pasó un mínimo de veces, probablemente en los mismos lugares y con las mismas personas, y que en la ciudad hay cientos de cruceros, estacionamientos y limpiavidrios o franeleros con los que no pasa nada y al contrario es muy positiva la interacción. Además, si ellos fueran una “turba” sólo serían el reflejo de la catástrofe económica nacional.

Así le hemos reiterado al cabildo innumerables veces que lo que procede es aplicar la ley donde haya infracciones en el trabajo en la calle, como en cualquier otra situación de la sociedad, pero que de ninguna manera se justifica modificar un bando y castigar de esa manera en general a toda una identidad social. La Consulta Ciudadana demuestra amplia y científicamente el grave error de generalizar esas infracciones, que sóo son excepciones para la gran mayoría de la población.

5- “Modificamos el bando porque no vamos a esperar a que suceda (un accidente o un asalto) para legislar y que después derechos humanos nos reclame”. Ante la falsedad del argumento anterior y la imposibilidad de otras pruebas, entra en acción éste: trabajamos para el futuro. Pero ¿qué datos sólidos tiene la autoridad para poder hacer semejante estudio prospectivo que amerite una ley tan cruel que transforme en criminal al trabajador honesto más pobre?

6- “El trabajo en la calle es ilegal”. De inicio, la autoridad tiene un obstáculo epistémico muy grande: no considera al trabajo en la calle como un “trabajo”, y de ahí deriva grandes prejuicios de todo tipo. ¿De qué ilegalidad se puede hablar cuando una familia pasa hambre, por supuesto ni se le ocurriría pagar impuestos a un gobierno que no hace nada por ella, y sale afuera de su casa a vender sus quesadillas o a un crucero a vender dulces? Cualquier manual básico de ética, trae lo que Jesús enseñó: la ley está hecha para el hombre y no al revés, por lo tanto mucho antes que lo legal viene lo legítimo y pregunto: ¿alguien tiraría la primera piedra contra esa señora que vende quesadillas o chicles? El cabildo de Cuernavaca sí.

Con nuestra Consulta de ninguna manera, como algún regidor sugirió, pretendimos promover el trabajo en la calle, sino sólo construir una reflexión colectiva de que se trata de un problema social, originado ante todo en el desastroso modelo económico que nos rige, y que cada día más arrojará gente a la calle o “a una posible delincuencia”, como dijo justamente un regidor.

7- “No se puede tener tantos artesanos porque se llenaría la ciudad de vendedores de otros estados, y no hay mercado”. Esta especie de “chauvinismo” o regionalismo morelense, no sería fácil de explicar para un gobierno profeta y defensor ciego de la globalización y el neoliberalismo. Por otro lado, agredir e impedir la libre venta de artesanías a los habitantes originarios de estas tierras es un despropósito desde donde se mire, incluido el turismo. En el interesante video (“Morelos: ¿tierra de libertad y trabajo?”) que realizaron dos valiosas compañeras documentalistas, un artesano de joyería del zócalo dice bien: “vendemos artesanías, cultura, nuestras raíces, no droga. Queremos que nos dejen vender, es un beneficio para el país”.

8- “La encuesta es tendenciosa”. Las autoridades cuestionaron, de inicio, la validez metodológica de la Consulta, en medio de la enorme paradoja de que ellos no han presentado a la ciudadanía la más mínima documentación seria que fundamente sus decisiones. Por supuesto, se trata de un argumento político y no científico, y que no se sostiene bajo ningún punto de vista, ya que se trata de un ejercicio honesto y riguroso ciudadano, que ellas deberían agradecer. La ausencia de pruebas y estudios que justifiquen el nuevo bando fue transparentada por un regidor: “Señor alcalde, no conocemos ni hemos visto esos estudios”. Hasta hoy nadie los ha visto al igual que las denuncias ciudadanas.

DEROGANDO EL BANDO GANAMOS TODOS

Nos parece importante, para la sociedad civil cuernavacense y morelense primero, nacional después, no dejar pasar este hecho social tan inhumano que criminaliza y castiga a los más indefensos materialmente de la sociedad, sería dejar que la guerra avance más y una degradación de la reserva moral mexicana; además después cuando nos toque a nosotros la agresión bélica ya no tendremos fuerza moral para decir nada. Ojalá que la autoridad recapacite sus decisiones y tome en cuenta la opinión ciudadana, porque si no esta lucha debe seguir hasta las cortes nacionales e interamericanas de derechos humanos, Amnistía Internacional y la desobediencia civil. Recordemos que ¡la calle es de todos y quienes trabajan en ella no son criminales!

Para concluir, nos gustaría recordar al cabildo unas palabras de Gandhi: “Deseo dejarles un talismán. Cuando se encuentren en la duda, cuando su yo se vuelve muy invidente, intenten hacer la siguiente reflexión. Acuérdense del rostro más pobre y débil que hayan encontrado y pregúntense si el paso que están por hacer le será útil: ¿recibirá algún beneficio? ¿le permitirá recobrar el control sobre su propia vida y destino?...Entonces verán que sus dudas y su yo se disiparán”. Los trabajadores de la calle vienen mucho antes que los turistas en cualquier escala ética o humana.


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