miércoles, mayo 06, 2009


Los extranjeros

Sergio Aguayo Quezada
saguayo@colmex.mx
Reforma 06 de mayo de 2009

Empecemos a sistematizar lo acontecido durante la tempestad. Hoy discuto las novedades confirmadas en nuestra relación con los extranjeros. Afortunadamente, seguimos liberándonos de aquel victimismo que nos llevaba a sentirnos primero, y a rechazar después, cualquier crítica foránea, aunque fuera acertada. En esta ocasión las autoridades mexicanas y la Organización Mundial de la Salud se dijeron sus verdades sin que nadie sintiera que se jugaba el honor de la patria. Las majaderías de los gobiernos de Argentina, Cuba y China, entre otros, fueron bien respondidas por la Secretaría de Relaciones Exteriores quien se dedicó a proteger a los connacionales afectados por los malos modos o las oleadas de antimexicanismo.

También se hizo evidente que los extranjeros ya no se tragan tan fácil las historias oficiales. Hay un afán por entender que reconoce los aciertos gubernamentales, pero sin desconocer las desigualdades, las impunidades y las ineficacias. El 29 de abril, Marc Lacey comentó con sarcasmo, en el New York Times, la frivolidad de Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, quien llegó al poblado de La Gloria a visitar a Edgar Hernández, el niño que se salvó de la influenza. Según el corresponsal estadunidense, el mandatario llegó “en helicoptero, iba seguido por un cortejo y le dejó a Edgar un balón de futbol y una cachucha de beisbol”.

El 3 de mayo, Pablo Ordaz, corresponsal de El País de España, siguió escribiendo esas crónicas analíticas que desnudan las simulaciones. Con un lenguaje desenfadado, pero certero, describió nuestros dos sistemas de salud, uno para los privilegiados y el otro para las mayorías que sufren a una burocracia sin medicamentos o equipo.

Al día siguiente, cuatro de mayo, Joelle Stolz publicó en Le Monde otro reportaje sobre La Gloria y dedicó buena parte del texto a la devastación ambiental causada por Granjas Carroll, la empresa mimada por las autoridades estatales y federales. Con todo, uno quisiera que nuestros gobernantes se comportaran siempre como lo hicieron frente a las calenturas porcinas. Se trata de excepciones; lo normal es el calvario vivido por La Gloria y otros poblados de Veracruz y Puebla desde 1994.

Quien quiera equidad y justicia debe pelear por ellas sabiendo que, de entrada, no cuenta con quienes gobiernan. Ante ello, ya se reconoce que algunos extranjeros son aliados potenciales. Hay razones para ello.

Cuando se declaró la alerta, ya estaban en el país los principales dirigentes de Human Rights Watch. Venían a presentar un informe muy importante sobre la impunidad disfrutada por los militares mexicanos que han cometido violaciones graves de derechos humanos. A partir de casos concretos, el organismo civil internacional documentó un patrón de impunidad, porque ni se les investiga ni se les sanciona al ser juzgados por los mismos militares.

Casi al mismo tiempo, salía de México una delegación de víctimas y otra de 14 funcionarios. Iban a Chile en donde la Corte Interamaricana de Derechos Humanos realizó una audiencia pública sobre el feminicidio en Ciudad Juárez. Tres humildes madres pusieron, en el banquillo de los acusados, al Estado mexicano por su papel en la impunidad disfrutada desde el 2001 por los asesinos de tres jovencitas: Laura Berenice Ramos, Claudia Ivette González y Esmeralda Herrera Monreal. Los funcionarios volvieron a lucirse con su ignorancia, su negligencia y su menosprecio hacia las mujeres pobres.

También en medio de la crisis sanitaria una Sala de la Suprema Corte rechazó la posibilidad de discutir mi demanda (hecha en representación de Fundar) para tener acceso a las boletas de la elección del 2006. Por este caso me han tachado de ser un provocador necio que ha hecho gastar al ejército 80 millones de pesos (es el costo de salvaguardar las boletas que, si por el gobierno de Calderón y el IFE fuera, ya habrían servido de combustible para las calderas del averno).

En realidad defiendo –junto con Proceso-- un derecho colectivo siempre negado. En una investigación inédita, Josefina MacGregor revisó la elección de 1910. Considera que fue la primera apegada a los criterios modernos, y fue también la oportunidad para que Porfirio Díaz se luciera con un fraude monumental contra Francisco I. Madero. El agravio causó una Revolución, pero jamás se esclareció por què los Diputados desecharon las quejas con un escueto “no ha lugar a lo que objetan”.

Cien años después siguen actuando igual y desconocemos lo que realmente pasó en el 2006. Ahora dependemos de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos resista las presiones del gobierno mexicano y mantenga las medidas cautelares concedidas a Proceso por el mismo asunto. Al redefinirse la relación con el mundo crece el número de quienes buscamos en el exterior la justicia negada en México.

Haciendo una analogía de la frase de un conocido héroe revolucionario la justicia y el respaldo internacional serán de quienes los trabajen.

Correo electrónico: saguayo@colmex.mx
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