sábado, julio 26, 2008

Amenazas de EU obligan a Calderón a privatizar Pemex

Entrevista a Joaquín Hernández Galicia, ex secretario general del STPRM


El titular de Gobernación “tiene que enderezarse”

Para La Quina, el Presidente está acorralado por empresarios y políticos mafiosos, entre ellos el ex mandatario Carlos Salinas, y debe meter a la cárcel a todos los corruptos. El sindicato de la paraestatal, asegura, ha robado la mitad del patrimonio del gremio por la debilidad de los gobernantes

Enrique Méndez (Enviado)

Ampliar la imagen "El pueblo no quiere privatizaciones, sino que prevalezcan las ideas de Lázaro Cárdenas", opina el antiguo dirigente petrolero “El pueblo no quiere privatizaciones, sino que prevalezcan las ideas de Lázaro Cárdenas”, opina el antiguo dirigente petrolero Foto: Marco Peláez

Ciudad Madero, Tamps. Joaquín Hernández Galicia asegura que el presidente Felipe Calderón quiere que el Congreso apruebe su reforma al régimen legal de Petróleos Mexicanos (Pemex) porque está “amenazado por Estados Unidos y acorralado por la mafia de empresarios y políticos”, entre quienes ubica al ex mandatario Carlos Salinas, quien pretende continuar con el saqueo a la empresa.

“Pero eso es muy peligroso, porque los mexicanos, no sólo (Andrés Manuel) López Obrador, no quieren la reforma, ya que no han limpiado Pemex de todo lo que le han robado. Si Calderón no mete a la cárcel a todos los corruptos eso se llama encubrimiento, y eso no le queda a un presidente”, asegura. Por ejemplo, dice, el secretario de Gobernación, Juan Camilo “Mouriño, tiene que enderezarse”.

La Quina habla en entrevista con La Jornada desde un sillón cuyo respaldo está orientado hacia la puerta por la que, la mañana del 10 de enero de 1989, “dos soldados de dos metros” lo sacaron de su casa, en San Luis número 106. La puerta, de dos hojas, está obstruida ahora por los juguetes de sus nietos y un mueble con veladoras y santos.

Desde esa posición, el otrora poderoso secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM) considera que el Ejecutivo debe evaluar si quiere imponer una reforma que no cuenta con aprobación social. Va más allá: “Debe tener en cuenta que el pueblo no es pendejo. López Obrador sólo lleva la bandera, pero el pueblo es el que dice no, no y no. Y yo, que soy parte del pueblo, también digo no”.

Hoy tiene 82 años. Está enfermo de leucemia, que se trata con aguamiel de San Luis Potosí. “Ví nacer a Pemex a los 16 años, cuando era aprendiz meritorio, y hoy lo estoy viendo morir”, resume después de diseccionar la forma en que, “desde Salinas, los presidentes y los directores de Pemex y el traidor de (Carlos) Romero Deschamps” han arruinado la paraestatal.

Se declara nacionalista, triunfador en su particular forma de hacer empresa para ayudar, durante la era de su liderazgo, a los trabajadores con alimentos y ropa barata, a partir del porcentaje que el sindicato recibía de cada contrato con particulares. Pero también asume su papel de conocedor de las entrañas de Pemex y se carcajea cuando se le pregunta por qué no lo invitaron a los debates en el Senado: “¡Qué me van a invitar! ¡Los pongo como longaniza! Son puros dinosaurios. ¿Qué me van a contar esa bola de güeyes?”

Sus detractores, refiere, siempre lo calificaron de cacique, asesino y dictador. “Pero conmigo no había empresas extranjeras y la deuda de Pemex era de sólo 7 mil millones de dólares. Hoy la deuda en Pidiregas es de 1.7 billones de pesos.”

–¿Qué explica ese enorme endeudamiento?

–Todos los negocios. Romero Deschamps, por ejemplo, firmó un convenio para rentar a Pemex cuatro barcos nuevos con opción a compra en 10 años, ya cuando estén viejos. El Pemexgate; los errores de los presidentes, que no supieron administrar el dinero del petróleo y pusieron a sus amigos y no a ingenieros petroleros; los negocios que hizo Carlos Hank González, y todos los gastos superfluos.

“Los directores cambian vestuario y mobiliario para decir ‘esto ya es mío’. Y hay casas de visita por trabajo, para que llegue un subdirector que de Pemex no conoce ni papa, porque lo acaban de nombrar, pero es panista, para que le den de comer a él y a sus novias y darles cigarros Lucky Strike.”

–¿El sindicato es cómplice?

–¡Uf! Se puede decir que la mitad de lo perdido se lo ha robado el sindicato, por la debilidad de presidentes y los directores.

Por eso, insiste, Felipe Calderón está obligado “a limpiar Pemex de bandidos sindicales y administrativos. Así como está saqueado no puede haber reforma”.

Sin embargo, afirma que el principal propósito de las iniciativas que el mandatario envió a las cámaras de Senadores y de Diputados es que todo el proceso del petróleo quede en manos de empresarios. “Van a distorsionar Pemex, lo van a fraccionar. Seguirá siendo Pemex, pero de particulares coreanos, ingleses, españoles...”

Por ello considera que Calderón “está muy presionado por sus mismos partidarios empresarios, de tal manera que la mafia industrial y gubernamental se quede con Pemex. ¿El resultado? Un pueblo jodido. Por eso López Obrador levanta 100 mil personas, y el pueblo ya dio su fallo: no a la reforma energética”.

–Aún así, el PAN rechaza la consulta del domingo.

–¿Por qué están los diputados y senadores ahí? Por el voto del pueblo. Ahí sí tuvo validez el voto popular, ¿no? ‘Lo que vale son nuestras decisiones’, dicen. ¡Están jodidos, retejodidos! ¿Cómo sí pudo opinar el pueblo cuando andaban de candidatos? ‘Ay, vota por mí’.

–¿Qué evaluación tiene de Calderón en el contexto de su reforma energética?

–Prometió mucho y no ha cumplido. No lo veo de malas intenciones, pero está presionado por los extranjeros. Creo que hasta con amenazas de invasión. No lo dice porque alarmaría al pueblo.

“A mí, Miguel de la Madrid me confesó que los gringos lo habían amenazado con invadir por tratar de ayudar a Contadora. Me preguntó qué haría yo, porque la amenaza era seria, y le dije que lo respaldaría. ‘Le pongo a mis petroleros a defender las refinerías –respondí–. Ahí no entran los cabrones gringos. ¡Las volamos! Señor, no tenemos armas, pero tenemos güevos”.

–¿Así le dijo?

–Así le dije, pero lamentablemente él no los tenía.

La Quina también atribuye a Carlos Salinas estar atrás del grupo que presiona a Calderón para privatizar Pemex. “Qué casualidad que Estados Unidos tiene una flota en el Golfo, donde se supone que están los pozos en aguas profundas. Salinas, que es compadre de Bush el viejo, tiene acorralado a Calderón.

“Pero el pueblo no quiere privatizaciones, sino que prevalezcan las ideas de Lázaro Cárdenas, de López Mateos. Y aunque les pese, ni Luis Echeverría ni José López Portillo vendieron el país. Con todo y sus defectos, los dos. Uno enamorado de a madres, padrotón, y el otro que viró al izquierdismo.”

En Ciudad Madero, La Quina aún es El Jefe. Así le dice todo mundo. Por eso se ufana de que aun en su arraigo en Cuernavaca, y cuando regresó a su casa, candidatos del PAN y del PRI lo buscaron para que los apoyara. “Vicente Fox mandó pedir mi voto. Se lo negué, porque fue maricón. Mandó a (Rodolfo) Elizondo, a quien dije que si me regresaba a Madero yo decía que era buen candidato. Pero Elizondo me respondió que Fox no lo podía decir hasta que llegara a la Presidencia, y le contesté que yo tampoco podría decirlo hasta que no estuviera en Madero”.

–¿Se buscó con Andrés Manuel López Obrador?

–No, porque cuando le mandé a un grupo de amigos no los recibió. Se dio mucha ínfula. Él es de izquierda. La izquierda nunca me ha querido, los comunistas menos.

Cierra fuerte La Quina: “aun jubilado por la Suprema Corte, sigo peleando, defendiendo mi país. Voy a dar mi vida por él. Sigo trabajando, con leucemia, con tifoidea. Y me gustan las mujeres, ¡eh! No soy puto”.

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